Viviendo a FONDO


07 - 13 de febrero

2010

esta semana:leo la Palabra - medito la Palabra - rezo con la Palabra - otras palabras me ayudan - imagen

 

leo la Palabra

 

Lc 5, 1-11

La pesca abundante


1 En una ocasión se encontraba Jesús a orillas del lago de Genesaret, y se sentía apretujado por la multitud que quería oír el mensaje de Dios. 2 Vio Jesús dos barcas en la playa. Estaban vacías, porque los pescadores habían bajado de ellas a lavar sus redes. 3 Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que la alejara un poco de la orilla. Luego se sentó en la barca y comenzó a enseñar a la gente. 4 Cuando terminó de hablar dijo a Simón:
–Lleva la barca lago adentro, y echad allí vuestras redes, para pescar.
5 Simón le contestó:
–Maestro, hemos estado trabajando toda la noche sin pescar nada; pero, puesto que tú lo mandas, echaré las redes.
6 Cuando lo hicieron, recogieron tal cantidad de peces que las redes se rompían. 7 Entonces hicieron señas a sus compañeros de la otra barca, para que fueran a ayudarlos. Ellos fueron, y llenaron tanto las dos barcas que les faltaba poco para hundirse. 8 Al ver esto, Simón Pedro se puso de rodillas delante de Jesús y le dijo:
–¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!
9 Porque Simón y todos los demás estaban asustados por aquella gran pesca que habían hecho. 10 También lo estaban Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón:
–No tengas miedo. Desde ahora vas a pescar hombres.
11 Entonces llevaron las barcas a tierra, lo dejaron todo y se fueron con Jesús.

 

 

medito la Palabra

 

- Simón y todos los demás estaban asustados por aquella gran pesca
que habían hecho.
¿Quién es este hombre? ¿Qué hace? Me da miedo, me sobrepasa. Estaba yo aquí tan tranquilo...
–No tengas miedo. Desde ahora vas a pescar hombres.
¿Qué dice de pescar hombres? Déjame aquí, con mi familia, con mi gente, pescando peces, sólo quiero pescar peces, para comer, para vivir.
- lo dejaron todo y se fueron con Jesús.
No quiero ir, déjame aquí, prefiero esta vida tranquila, sin sobresaltos, más segura... Tengo miedo de abandonarlo todo…

Jesús me llama por mi nombre tal y como soy, con toda mi realidad, dice: “Ven y sígueme!”. Déjate coger por Jesús. Es un proyecto que nos desborda, pero vale la pena! Tenemos la oportunidad de renovar a menudo ésta llamada de Jesús.

 

rezo con la Palabra

 

Ámame tal y como eres

Conozco tu miseria, los combates y las tribulaciones de tu alma;
la debilidad y las enfermedades de tu cuerpo;
pero, a pesar de todo esto, te digo:
“Dame tu corazón, ámame tal como eres”.
Si esperas a ser un ángel para entregarte al amor, no Me amarás jamás.
Incluso si recaes en esas faltas que no quisieras haber conocido nunca,
incluso si eres negligente en la práctica de la virtud,
no te permito que no Me ames.
Ámame tal como eres.
En cada instante y en cualquier situación en la que te encuentres,
en la consolación o en la desolación, en el fervor o en la sequedad,
en la fidelidad o en la infidelidad.
Ámame tal como eres.
Lo que quiero es el amor de tu corazón indigente.
Si para amarme esperas a ser perfecto, no me amarás jamás…
Déjate amar. Quiero tu corazón.
Por supuesto que tengo previsto transformarte,
pero, mientras tanto, te amo tal como eres.
Y quisiera que tú hicieras lo mismo.
Me gustaría ver cómo, desde el fondo de tu miseria, brota el amor.
Amo en ti incluso tu debilidad.
Yo amo el amor de los pobres.
Quisiera que, desde la indigencia, se elevara continuamente este grito:
¡”Señor, te amo!”.
Es el canto de tú corazón lo que me importa.
¿Acaso tengo yo necesidad de tu ciencia y de tus talentos?
No son virtudes lo que te pido,
y si te las diera, eres tan débil,
que tu amor propio enseguida se las atribuiría.
No te preocupes de eso.
Sólo trata de llenar el momento presente con tu amor.
Hoy, como un mendigo, llamo a la puerta de tu corazón,
yo, el Señor de los Señores.
Llamo y espero. Ábreme en seguida; no alegues tu miseria.
Si tú conocieses verdaderamente tu indigencia, morirías de dolor.
Lo único que me hiere el corazón es el verte dudar y falto de confianza.
Quisiera que pensases en Mi cada instante del día y de la noche.
No quisiera que hicieras ningún acto, por insignificante que sea,
por otro motivo que no sea el Amor.
Cuando tengas que sufrir, yo te daré la fuerza.
Tú me has dado el amor; yo te daré la capacidad de amar por encima
de lo que jamás hayas soñado.
Pero, acuérdate: “Ámame tal como eres”.
No esperes a ser un santo para entregarte al Amor;
Sino, no me amarás jamás.

Un monje de la Comunidad de Jerusalén (París)

 

otras palabras me ayudan

 

- Déjalo todo y sígueme
… No hace falta que lo dejes todo para venirte conmigo. Sólo te pido que hagas lo que sí está al alcance  de tus posibilidades. Al menos eso no lo dejes de hacer. Caminaremos juntos hacia metas más difíciles. No te dejaré solo, pero sígueme.

 

 

la imagen

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