El picapedrero
Kara era un picapedrero. Era pobre pero muy trabajador. Vivía con su mujer en un lugar medio desierto, pero era feliz con ella y con los vecinos.
Un día que Kara estaba trabajando como de costumbre, se paró cerca del camino una carroza. Viajaba un hombre rico que le preguntó a Kara por qué camino tenia que ir. Cuando se alejó, Kara sintió mucha envidia. Volvió al trabajo pero sin nada de alegría. Por primera vez a su vida se percató que el sol era insoportable y que las manos le hacían daño.
De pronto tiró el martillo, fue a sentarse sobre unas piedras y se lamentaba diciendo: "Ah, si fuera rico no picaría piedras y podría mirar a los otras cómo trabajan, dando un paseo". En aquel momento oyó una voz potente que le decía: "Kara, serás rico. Que se cumpla tu deseo". Y sin saber como, se encontró viviendo en un rico palacio, bebiendo té con su mujer. Tenía muchos criados. Kara era rico y se sentía muy feliz.
Un día, desde su jardín, vio pasar al emperador, en una carroza cien veces más guapa que la suya. Todo lo que él tenía le pareció poco comparado a todo aquello que estaba viendo.
Y suspiró, diciendo: "Oh, si en lugar de ser simplemente rico pudiera ser un emperador! Lo podría dominar todo". En aquel momento oyó una voz que le decía: "Kara, que se cumpla tu deseo; sé emperador". Y ya tenéis a Kara en un lujoso palacio, lleno de mármoles y decorados dorados. Sentado en cojines de terciopelo rojo, impartía leyes y sus ministros lo escuchaban con respeto. Y Kara era feliz.
Un día que se paseaba con los ministros, hacía un calor insoportable. El sol calentaba mucho. El emperador gritó: dadme algo para beber, me ahogo. Bebió, pero pronto volvió a tener sed. Kara se quejaba: "El sol es más poderoso que el emperador. Oh, qué ganas que tengo de ser sol". Nuevamente se oyó una voz: "Kara, puesto que es eso lo quieres, que seas sol". Y Kara se encontró alto, muy alto, en el cielo. Era el sol. Brillaba sobre la tierra y se sentía poderoso.
Pero un día vino una gran tempestad que lo arrasaba todo. El poderoso sol quedó tapado por una nube. Y entonces quiso ser tempestad. Y lo fue.
Furioso lo destruía todo... Se sentía poderoso. Era feliz. Hasta que un día encontró a la montaña. Grande, altiva, orgullosa. La tempestad no podía con ella. Ella era más fuerte. Y Kara, de nuevo, quiso ser montaña. Cuando ya lo era se sentía feliz.
Pero un día Kara oyó un ruido. Era cómo si lo estuvieran picando, o haciendo cosquillas en los pies. Kara miró sus pies y vio, a lo lejos, muy pequeño, a un hombre que estaba picando en la montaña para sacar piedra. Kara gritó: "Párate, te lo mando!". Pero el hombre siguió tan tranquilo.
Entonces pensó que no era la montaña la más poderosa, sino el hombre. Y deseó ser hombre. Y se encontró siendo otra vez picapedrero.
Y la voz le dijo: "Comprendes, Kara, ¿que no hay nada tan poderoso como el ser humano? No tengas nunca envidia. Sé feliz de ser una persona".