Viviendo a FONDO


14 - 20 de marzo

2010

esta semana:leo la Palabra - medito la Palabra - rezo con la Palabra - otras palabras me ayudan - imagen

 

leo la Palabra

 

Lc 15, 1-3.11-32

Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para escucharle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Éste acoge a los pecadores y come con ellos.
Entonces él les explicó esta parábola:
Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde; y les repartió los bienes.
No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.
Y cuando lo hubo malgastado todo, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a pasar necesidad.
Y fue a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase los cerdos.
Deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba de comer. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí me muero de hambre!
Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; hazme como a uno de tus jornaleros.
Y levantándose, se fue con su padre. Cuando aún estaba lejos, lo vio, corrió, le abrazó y le besó.
El hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser tu hijo.
Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; poned un anillo en su dedo, y calzado en sus pies.
Traed el becerro gordo y matadlo, comamos y hagamos fiesta; porque este hijo mio había muerto y ha revivido; se había perdido y ha sido encontrado. Y comenzaron la fiesta.
Su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Él le dijo: Tu hermano ha vuelto; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recobrado sano y salvo.
Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.
Mas él, dijo al padre: Hace tantos años que te sirvo, no te he desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para hacer fiesta con mis amigos.
Pero cuando vino este hijo tuyo, que ha consumido tus bienes con malas mujeres, has hecho matar para él el becerro cebado.
Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
Mas era necesario hacer fiesta y alegrarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha revivido; se había perdido, y lo hemos encontrado.

 

 

medito la Palabra

 

Jesús nos invita a su Reino a pesar de nuestras infidelidades y nuestro corazón poco entusiasta.
Él espera que hagamos lo mismo con la gente que tenemos a nuestro alrededor y son frágiles o especialmente débiles.
Puedo pensar en los protagonistas de la paràbola (Padre, hijo mayor e hijo pequeño) y ver qué tengo de cada uno de ellos.

 

rezo con la Palabra

 

Padre,
Son tantos los que me han hablado de Ti
con palabras de amor y de paz,
que a veces me hacen olvidar
de lo que nos ha revelado tu Hijo
y lo que nos ha dicho sobre tu amor:
eres un Padre muy bueno y sólo buscas
el bien y la plena realización de tus hijos.
Como el padre bueno de la paràbola,
respetas siempre nuestra libertad
y no te cansas nunca de hacernos llegar
tu llamada en el fondo del corazón
para invitarnos a volver a casa
y a confiar en tu amor de Padre.
Como el hijo pequeño de la paràbola,
yo también tendré que decir que he pecado;
pero, como respuesta, tú me ofrecerás siempre
el abrazo generoso del perdón y del amor.

¡Gracias, Padre! ¡Ayúdame a ser fiel!

 

otras palabras me ayudan

 

Oro y ceniza

Había un comerciante rico y avaro que un día encontró su oro convertido en ceniza. Se afligió tanto que se fue a la cama, rechazando todo alimento. Así continuó varios días, negándose a comer.
Un amigo, enterado de su enfermedad, fue a visitarlo y comprendió la causa de su dolor.
Le dijo entonces: No hacías buen uso de tus riquezas. Por eso cuando las amasabas no eran mejores que la ceniza. Ahora, escucha mi consejo: extiende una estera en tu bazar, por encima de esta ceniza y finge que haces comercio, como siempre.
El rico hizo como le había aconsejado el amigo, y cuando alguien le preguntó: ¿Por qué vendes ceniza?, él respondió:
Pongo en venta mis bienes.
Un día pasó por allí una muchacha huérfana y muy pobre, pero sin codicia en el corazón. Viendo al comerciante en el bazar le dijo:
Señor, ¿por qué has reunido tanto oro y tanta plata para venderlos?
El rico comerciante le respondió:
Si quieres puedes llevarte un puñado de oro y otro de plata, te los regalo.
Y ella tomó un puñado de ceniza, que en seguida se transformó en oro.
Para quien tiene las manos puras, la ceniza se convierte en oro. Para quien tiene codicia en el corazón el oro se convierte en ceniza, preocupación y amargura.

 

 

la imagen

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