Viviendo a FONDO


21 - 27 de marzo
2010

esta semana:leo la Palabra - medito la Palabra - rezo con la Palabra - otras palabras me ayudan - imagen

 

leo la Palabra


Jn 8, 1-11

Jesús se fue al monte de los Olivos.
Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y les enseñaba.
Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en adulterio.
Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?
Esto lo decían para tentarle y poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo.
Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado, que sea el primero en apredearla.
E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra.
Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos; y quedó solo Jesús con la mujer que estaba en medio.
Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?
Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Yo tampoco te condeno; vete y no peques más.

 

 

medito la Palabra

 

Todo nos sirve para el bien.
Incluso aprendemos del pecado si lo reconocemos y nos sirve para no ser orgullosos o para convertirnos en jueces de los demás.
Si admitimos que somos pecadores, este reconocimiento nos convierte en personas amables, misericordiosas, humildes... libres.
¿Cómo vivo esta faceta de mi vida?

 

rezo con la Palabra

 

Jesús,
no te puedes imaginar cómo me gusta contemplarte
y escuchar lo que dices a la mujer adúltera.
Tu actitud me inspira confianza
y me estimula a esforzarme
para librarme de aquello que me lleva a ser infiel.
Sé que siempre te encontraré acogedor y comprensivo,
dispuesto a perdonarme cualquier pecado.
Con tu amor y tu perdón,
haces renacer en mi la confianza,
y con aquel “vete y no peques más”
me haces entender la necesidad de convertirme.
Sé que nunca te cansarás de mi
y que, a la vez, siempre serás exigente conmigo
porque deseas que haga el bien,
que sea fiel a mi mismo
y que respete a los otros y les ayude
a vivir un amor responsable y fiel.

 

otras palabras me ayudan

 

 

Unos discípulos irreflexivos

Un sabio maestro estaba dando clase a un grupo de jóvenes discípulos. En un determinado momento, estos le pidieron que les revelara una sagrada fórmula de la que habían oído hablar largamente y por medio de la cual los muertos podían ser devueltos a la vida.
¿Y qué pensáis hacer con una cosa tan peligrosa?, les preguntó el sabio maestro.
Nada. Sólo es para robustecer nuestra fe, le respondieron.
El conocimiento prematuro es peligroso, hijos míos, dijo el anciano.
¿Y cuándo es prematuro el conocimiento?, preguntaron ellos.
Cuando proporciona poder a alguien que aún no posee la sabiduría que debe acompañar el uso de tal poder, les dijo el sabio.
Los discípulos, no obstante, insistieron hasta la saciedad. De modo que el santo varón, muy a su pesar, les susurró al oído la fórmula sagrada, suplicándoles repetidas veces que la emplearan con suma discreción y responsabilidad.
No mucho después, iban los jóvenes paseando por un lugar desierto cuando tropezaron con un montón de huesos calcinados. Con la frivolidad con que suele comportarse la gente joven cuando va en grupo, decidieron poner a prueba la fórmula que sólo debía ser empleada después de una prolongada reflexión.
Y en cuanto terminaron de pronunciar las palabras mágicas de la fórmula, los huesos se cubrieron de carne y se transformaron en voraces lobos que les atacaron y les hicieron pedazos
.

 

 

la imagen

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