Viviendo a FONDO


23 - 29 de agosto
2009


esta semana:leo la Palabra - medito la Palabra - rezo con la Palabra - otras palabras me ayudan - imagen

 

leo la Palabra


Juan 6, 60-69


En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: "Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?" Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: "¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen. "Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: "Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede." Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: "¿También vosotros queréis marcharos?" Simón Pedro le contestó: "Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios."

 

 

medito la Palabra


“Este modo de hablar es duro”, decían los primeros apóstoles. Y decimos nosotros. seguir a Jesús no es fácil, el camino está lleno de rosas con espinas. El seguimiento de Jesús implica opción constante por el reino y optar es renunciar. Renunciar a bienes inmediatos, renunciar al camino fácil.
Seguir a alguien como Jesús implica sentir que una y otra vez nos faltan fuerzas y fallamos. Porque el modelo a seguir es muy superior a nosotros. Y esto nos hace vacilar cuando nos olvidamos de lo esencial: el seguimiento de Jesús, la opción por el reino no es mérito nuestro. Es un don: “nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede”. Y como don y gracia lo hemos de aceptar. Y esto es un acto de fe, un irremediable acto de fe porque “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.


rezo con la Palabra


Cuando nos sentimos cansados, cuando el trabajo supera nuestras fuerzas:
Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.
Cuando siento que me quedo sólo al optar por ti:
Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.
Cuando fallo, cuando me pierdo en el camino, cuando dudo:
Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.
Y en mis momentos de alegría, de luz, cuando me amenaza la autosuficiencia:
Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.


otras palabras me ayudan

 

Muchas palabras resuenan en vosotros, pero sólo Cristo tiene palabras que resisten al paso del tiempo y permanecen para la eternidad. El momento que estáis viviendo os impone algunas opciones decisivas: la especialización en el estudio, la orientación en el trabajo, el compromiso que debéis asumir en la sociedad y en la Iglesia. Es importante darse cuenta de que, entre todas las preguntas que surgen en vuestro interior, las decisivas no se refieren al qué. La pregunta de fondo es quién: hacia Quién ir, a Quién seguir, a Quién confiar la propia vida.
Pensáis en vuestra elección afectiva e imagino que estaréis de acuerdo: lo que verdaderamente cuenta en la vida es la persona con la que uno decide compartirla. Pero, ¡atención! Toda persona es inevitablemente limitada (…). Sólo Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios y de María, el Verbo eterno del Padre, que nació hace dos mil años en Belén de Judá, puede satisfacer las aspiraciones más profundas del corazón humano. En la pregunta de Pedro: ¿A quién vamos a acudir? está ya la respuesta sobre el camino que se debe recorrer. Es el camino que lleva a Cristo(…). Él nos ama a cada uno de nosotros de un modo personal y único en la vida concreta de cada día: en la familia, entre los amigos, en el estudio y en el trabajo, en el descanso y en la diversión. Nos ama cuando llena de frescura los días de nuestra existencia y también cuando, en el momento del dolor, permite que la prueba se cierna sobre nosotros; también a través de las pruebas más duras, Él nos hace escuchar su voz.
Sí, queridos amigos, ¡Cristo nos ama y nos ama siempre! Nos ama incluso cuando lo decepcionamos, cuando no correspondemos a lo que espera de nosotros. Él no nos cierra nunca los brazos de su misericordia. ¿Cómo no estar agradecidos a este Dios que nos ha redimido llegando incluso a la locura de la Cruz? ¿A este Dios que se ha puesto de nuestra parte y está ahí hasta al final?

Extraído de Santa Misa: clausura Jornada Mundial de la Juventud. Homilía del papa Juan Pablo II. Tor Vergata, domingo 20 de agosto de 2000 (http://www.alfayomega.es/documentos/008/p11.html).

 

la imagen

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