Viviendo a FONDO


27 de diciembre
2 de enero de 2010


esta semana:leo la Palabra - medito la Palabra - rezo con la Palabra - otras palabras me ayudan - imagen

 

leo la Palabra


Lucas 2, 41-52

Los padres de Jesús iban cada año a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Y así, cuando Jesús cumplió doce años, fueron todos allá, como era costumbre en esa fiesta. Pero pasados aquellos días, cuando volvían a casa, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres se dieran cuenta. Pensando que Jesús iba entre la gente hicieron un día de camino; pero luego, al buscarlo entre los parientes y conocidos, no lo encontraron. Así que regresaron a Jerusalén para buscarlo allí.
Al cabo de tres días lo encontraron en el templo, sentado entre los maestros de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que le oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Cuando sus padres le vieron, se sorprendieron. Y su madre le dijo:
–Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia.
Jesús les contestó:
–¿Por qué me buscabais? ¿No sabéis que tengo que ocuparme en las cosas de mi Padre?
Pero ellos no entendieron lo que les decía.
Jesús volvió con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndolos en todo. Su madre guardaba todo esto en el corazón.  Y Jesús seguía creciendo en cuerpo y mente, y gozaba del favor de Dios y de los hombres.


 

medito la Palabra


En mitad del tiempo de navidad, tiempo de felicidad, de amor, de compartir, de familia,..., la iglesia nos propone la celebración del día de la  sagrada familia. Es bajo esta clave que el evangelista nos narra este texto.

Los padres de Jesús se dirigen a Jerusalén, un hecho que no podemos desaprovechar: por un lado, de Nazaret, lugar donde el niño crecía y se hacía más fuerte y más sabio (Lc 2,40), a Jerusalén hay 141 kilómetros de distancia, por tanto se inicia un largo peregrinaje, un ponerse en camino de forma física y espiritual.  Por otro lado, se encaminan a Jerusalén, ciudad santa para las tres religiones monoteístas, y que etimológicamente, en árabe, es Al Quds que significa lo sagrado, por tanto van al lugar donde la divinidad se hace presente, donde el hijo de Dios ha de estar, la casa del Padre, el espacio sagrado.

Es allí donde se manifiesta por primera vez. Tres días tardarán, sus padres, a encontrarlo, como tres días pasaran hasta la experiencia de la resurrección. Al final los padres lo encuentran en el templo, entre los maestros de la ley, y es allí donde surge un dialogo precioso donde se manifiesta que la lógica  de Dios es diferente a la lógica humana. María pregunta preocupada sobre los porqués de su actitud, Jesús contesta con normalidad, estoy en la casa de mi Padre, una respuesta divina. La vuelta a casa, viaje de vuelta a la realidad de cada día posibilitará la aceptación y la comprensión de lo que acaban de vivir guardando dentro del corazón todo lo que se vive. En nosotros, ¿las experiencias extraordinarias nos dejan huellas? ¿Cómo hacemos el viaje de ida? ¿Cómo el de vuelta?



 

rezo con la Palabra


Gracias por nuestra familia

Robert Louis Stevensson

Señor, mira a nuestra familia aquí reunida.
Te damos gracias
por este lugar en que habitamos;
por el amor que nos une;
por la paz concedida a nosotros este día;
por la esperanza
con que aguardamos el mañana;
por la salud, el trabajo,
la comida y el cielo brillante,
que hacen alegre nuestra vida;
por nuestros amigos
en todas las partes de la tierra
y nuestros bondadosos auxiliares
en esta isla extraña.
Que reine la paz
en nuestra pequeña comunidad.
Purifica todo corazón
del resentimiento oculto.
Danos fuerza y gracia
para tener paciencia y perseverar...
Danos valor, alegría y una mente sosegada.

 




otras palabras me ayudan

 

Quiero
Jorge Bucay

Quiero que me oigas, sin juzgarme.
Quiero que opines, sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mi, sin exigirme.
Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi
Quiero que me cuides, sin anularme.
Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mi.
Quiero que me abraces, sin asfixiarme.
Quiero que me animes, sin empujarme.
Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mi.
Quiero que me protejas, sin mentiras.
Quiero que te acerques, sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,
que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas, que hoy,
hoy podés contar conmigo.
Sin condiciones.

 

 

la imagen

esta semana: leo la Palabra - medito la Palabra - rezo con la Palabra - otras palabras me ayudan - imagen- inicio