contemplación ( + confianza )
Adora y confia
Teilhard de Chardin
Procedencia: Colaborador/a
No te inquietes por las dificultades
de la vida, por sus altibajos, por sus decepciones, por su futuro más
o menos sombrío. Desea aquello que Dios desea.
Ofrécele en medio de inquietudes
y dificultados el sacrificio de tu alma sencilla que, a pesar de los
pesares, acepta los designios de su providencia. Poco importa que te
consideres un frustrado, si Dios te considera plenamente realizado;
como le place.
Déjate con confianza ciega en
este Dios que te quiere para él. Y que llegará hasta ti,
pese a que no lo veas nunca. Piensa que te encuentras en sus manos,
tanto más fuertemente cogido, cuanto más decaído
y triste te encuentres.
Vive feliz. Te lo suplico. Vive en paz.
Que nada te turbe. Que nada sea capaz de sacarte la paz. Ni el cansancio
psíquico. Ni tus equivocaciones morales.
Haz que brote, y conserva siempre sobre
tu rostro, una dulce sonrisa, reflejo de aquella que el Señor
continuamente te dirige. Y en el fondo de tu alma coloca, antes que
nada, como fuente de energía y criterio de verdad, todo aquello
que te llene de la paz de Dios.
Recuerda: Todo aquello que te reprima
y inquiete es falso. Te lo aseguro en aras de las leyes de la vida y
de las promesas de Dios.
Por esto, cuando te sientas afligido
y triste, adora y confía.
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OTROS
VALORES
amistad
amor
aprendizaje
austeridad
autenticidad
autocrecimiento
autoestima
bondad
búsqueda
celebración
coherencia
compartir
compromiso
comunicación
comunidad
conciencia
confianza
constancia
contemplación
cotidianidad
crecimiento
donación
ecología
esperanza
espiritualidad
familia
fe
felicidad
generosidad
gratitud
igualdad
interioridad
justicia
libertad
paciencia
pareja
paz
perdón
perseverancia
prójimo
respeto
responsabilidad
sencillez
sensibilidad
sentido
servicio
sociabilidad
solidaridad
tolerancia
trabajo
vida
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contemplación ( + ecologia )
Adorar al verdadero Dios
Anónimo judío
Procedencia: Colaborador/a
El maestro preguntó al discípulo:
- ¿Por qué no adoras a los ídolos?
El discípulo respondió:
- Porque el fuego los quema.
- Entonces adora al fuego.
- En todo caso adoraría al agua, capaz de apagar al fuego.
- Adora entonces al agua.
- En todo caso adoraría a las nubes, capaces de crear la lluvia.
- Adora a las nubes.
- No, porque el viento es más fuerte que ellas.
- Entonces adora al viento que sopla.
- Si tuviera que adorar al viento, adoraría al hombre que tiene
poder de soplar.
- Adora entonces al hombre.
- No, porque muere.
- Adora la muerte.
- Lo único digno de adorarse es el Dueño de la vida y
de la muerte.
El maestro alabó la sabiduría del discípulo.
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contemplación ( + ecologia )
Conocerse y conocer la realidad
Raúl Berzosa
Procedencia: "Parábolas para una nueva evangelización"
Un gallo estaba convencido de que era
la potencia y belleza de su canto quien hacía despertar al sol
cada mañana. Y que si, por desgracia, un día dejase de
cantar, el sol ya no saldría. Pero la realidad era muy diferente
de aquella que el gallo suponía. Porque un día, agotado,
se quedó dormido y descubrió que eran los rayos del sol
quienes hacían posible el amanecer y no su canto.
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contemplación ( + sensibilidad )
En todas partes
Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador. "Un minuto para el absurdo"
Un experto en arte pronunciaba una conferencia en el
monasterio.
"El arte - decía - se encuentra en los museos, pero la belleza
se halla por doquier: en el aire, en la tierra, en todas partes, a disposición
de todos... y sin nombre de ninguna clase".
"Exactamente igual que la espiritualidad - dijo el Maestro al día
siguiente, cuando estuvo a solas con sus discípulos -. Sus símbolos
se encuentran en ese "museo" que llamamos templo, pero su
substancia se halla en todas partes, a disposición de todos,
sin que nadie la reconozca y sin nombre de ninguna clase".
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contemplación ( + espiritualidad )
Actitudes
Antohny de Mello
Procedencia: Colaborador/a. La oración de la rana. 2
Dice una antigua leyenda que, cuando Dios estaba creando
el mundo, se le acercaron cuatro ángeles, y uno de ellos le
preguntó: “Qué estás haciendo?”;
el segundo le preguntó: “¿Por qué lo haces?”;
el tercero: “¿Puedo ayudarte?”;
y el cuarto: “¿Cuánto vale todo esto?”
El primero era un científico, el segundo un filósofo,
el tercero un altruista, el cuarto un agente inmobiliario.
Un quinto ángel se dedicaba a observar y a
aplaudir con entusiasmo. Era un místico.
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contemplación ( + alabanza )
El canto del pájaro
Tony de Mello
Procedencia Colaborador/a. "El canto del pájaro"
El discípulo se quejaba constantemente a su
Maestro Zen: "No haces más que ocultarme el secreto último
del Zen". Y se resistía a creer las consiguientes negativas
del Maestro.
Un día, el Maestro se lo llevó a pasear con él
por el monte. Mientras paseaban, oyeron cantar a un pájaro.
"¿Has oído cantar a ése pájaro?",
le preguntó el Maestro.
"Sí", respondió el discípulo.
"Bien; ahora ya sabes que no te he estado ocultando nada".
"Sí", asintió el discípulo.
Si realmente has oído cantar a un pájaro,
si realmente has visto un árbol..., deberías saber más
allá de las palabras y los conceptos.
¿Qué dices? ¿Que has oído cantar a docenas
de pájaros y has visto centenares de árboles? Ya. Pero
lo que has visto ¿era el árbol o su descripción?
Cuando miras un árbol y ves un árbol, no has visto realmente
el árbol. Cuando miras un árbol y ves un milagro, entonces,
por fin, has visto un árbol. ¿Alguna vez tu corazón
se ha llenado de muda admiración cuando has oído el
canto de un pájaro?
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contemplación ( + alabanza )
El viejo ermitaño
Autor: Desconocido/a
Preocedecencia: Colaborador/a
Un viejo ermitaño fue invitado cierta vez a
visitar la corte del rey más poderoso de aquella época.
- Envidio a un hombre santo como tú, que se contenta con tan
poco, comentó el soberano.
- Yo envidio a Vuestra Majestad, que se contenta con menos que yo,
respondió el ermitaño
- ¿Cómo puedes decirme esto, cuando todo el país
me pertenece?, dijo el rey, ofendido
- Justamente por eso. Yo tengo la música de las esferas celestes,
tengo los ríos y las montañas del mundo entero, tengo
la luna y el sol, porque tengo a Dios en mi conciencia. Vuestra Majestad,
sin embargo, sólo posee este reino.
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contemplación ( + espiritualidad)
¿Dónde están
los Dioses ?
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a
-"¿Dónde están los Dioses?"
Preguntó el Pequeño, mientras se ocultaba
con su familia en la caverna, una noche de gran tormenta.
Y sus padres le enseñaron cómo hacer
fuego para iluminar su historia pintada en los muros, y a danzar
para los Dioses que un día llegaron a ellos y que se fueron
en el tiempo de sus ancestros...
... y fue la mañana del primer día.
Luego el Pequeño preguntó a su tribu:
-"¿Dónde están los Dioses?"
Y junto con sus padres atravesó un largo
invierno en busca de un lugar para sembrar su futuro...
... y fue la mañana y la tarde del segundo
día.
Y el Joven preguntó a su pueblo, mientras
reía a orillas del río:
-"¿Dónde están los Dioses?"
Y sus padres le enseñaron a someter a otros
pueblos, a otros hombres. Construyó pirámides en los
desiertos, y en las selvas vírgenes construyó ciudades.
Aprendió otros cultos y leyendas junto a sabios y maestros
que se perdieron con el tiempo y el viento del olvido...
... y fue la mañana y la tarde del tercer
día.
Y el Hombre preguntó a los suyos:
-"¿Dónde están los Dioses?"
-"Están en la vida" le respondieron,
mientras apagaban la vida de sus hermanos.
Y el Hombre descubrió el origen de su forma.
Aprendió a crear vida en sus laboratorios, con respeto y
sabiduría...
... y así fue todo el día cuarto.
Y el hombre preguntó con desconfianza:
-"¿Dónde están los Dioses?"
-"Están en el amor, le respondieron
los sacerdotes mientras se llenaban los bolsillos con monedas y
almas de la inocencia.
Y el Hombre aprendió a amar a todo ser viviente
que pisara el mundo o viviera fuera de él. Con amor, sus
ojos se volcaron a las artes, y las alas del espíritu humano
se adornaron con la ternura.
... y fue la mañana y la tarde del día
quinto.
Y el Hombre preguntó a los niños que
ayer reían, y ahora eran hombres que odiaban:
-"¿Dónde están los Dioses?"
-"Están en la energía" le
respondieron, mientras usaban el átomo para destruirse a
sí mismos.
Y el Hombre aprendió a creer en la paz, usó
el átomo para bien; sanó a todos los pueblos y no
hubo más guerras en su corazón...
... y fue la mañana y la tarde del día
sexto.
Y el Hombre preguntó al polvo de su cultura,
a las ovejas sociales de su época:
-"¿Dónde están los Dioses?"
-"En el cielo" le respondieron, drogados
por su sometimiento a la religión.
Y el Hombre aprendió astronomía, hizo
cálculos, tomó sus apuntes y llegaría a lugares
que siempre quiso conocer. Y finalmente se apoderó del cielo
y vivió en las estrellas...
... y fue la mañana y la tarde del séptimo
día.
Y el Anciano preguntó a la multitud solitaria:
-"¿Dónde están los Dioses?"
-"Están en el espacio y el tiempo"
le respondieron tristes y cabizbajos.
Y el anciano aprendió a controlar el espacio
y el tiempo. Y su cuerpo fue como el brillo del sol, en donde su
pensamiento de luz ya no tenía fronteras, y podía
estar en todas partes...
... y fue la mañana y la tarde del octavo
día.
Y el Anciano preguntó:
-"¿Dónde están los Dioses?"
...Y nadie respondió, porque él ya
estaba por encima del espacio y el tiempo. Y el Anciano comprendió
que la verdadera respuesta debía dársela a sí
mismo.
Y a medida que el Anciano buscaba a los Dioses,
iba creando en el camino nuevos cielos y nuevas tierras; nuevos
espacios y tiempos. Y en un pequeño mundo azul, que él
había creado, hubo una tormenta primordial, antigua y perfecta.
Y en ese pequeño mundo azul, el Anciano escuchó a
un Pequeño preguntar algo que lo hizo sonreír y descansar:
"¿Dónde están los Dioses?"
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contemplación ( + naturaleza )
Buscando a Dios
Autor/a: Desconocido/da
Procedencia: Colaborador/a
Se acercó al Maestro, vestido
con ropas sannyasi y hablando el lenguaje de los sannyasi:
- "He buscado a Dios durante años. Dejé mi casa
y lo he buscado en todas las partes donde Él mismo ha dicho
que está: en lo alto de las montañas, en el centro del
desierto, en el silencio de los monasterios y en las cabañas
de los pobres".
- ¿Y lo has encontrado? - preguntó el Maestro.
- Sería un vanidoso y un mentiroso si dijera que sí.
NO; no lo he encontrado. ¿Y tú?
¿Qué podía responderle el Maestro? El sol poniente
inundaba la habitación con sus rayos de luz dorada. Centenares
de jilgueros gorjeaban felices en el exterior, sobre las ramas de
una higuera próxima. En la lejanía podía oírse
el peculiar ruido de la carretera. Un mosquito zumbaba cerca de su
oreja, avisando que estaba a punto de atacar... Y sin embargo aquel
buen hombre podía sentarse allí y decir que no había
encontrado a Dios, que todavía estaba buscándolo.
Al cabo de un rato, decepcionado, salió de la habitación
del Maestro y se fue a buscar a otra parte.
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contemplación ( + sentido )
Amo la vida
Autor/a: Desconocido/da
Procedencia: Colaborador/a
Amo la vida porque sé y proclamo que es el
don más grande que nos fue dado, porque fue mi posesión
primera y será lo ultimo que me será quitado.
Teniéndola en mi haber he conseguido infinitas experiencias,
que el valor de la más leve sobrepasa al valor de todo el oro
de este mundo.
Amo la vida, señores, ¡la disfruto!
Por el tibio calor del sol cada mañana, por sus noches tan
frías y de luto que convierten en espejos mi ventana.
Amo la vida porque cada día me llenará de nuevas experiencias
y será cada una de ellas mía y a todas ellas el alma
las ansía.
Amo la vida porque la he probado y su sabor agridulce me fascina,
y si algún bien con un mal se me ha pagado no es necesario
que esto me deprima.
Amo la vida pues ella me ha enseñado que no es el bien ajeno
el que me eleva, que es más hermoso amar que ser amado, no
sé de nadie que a negar esto se atreva.
Amo la vida con todos sus caprichos, con toda su ponzoña y
su malicia pues, si no existiera el mal; ¿cómo podría
llenarme de orgullo por bien hecho?
Amo la vida, y lo que más amo es el amor que en ella he encontrado,
ese amor que me ayuda en cada tramo a amar la vida como jamás
se ha amado.
Amo la vida porque existo, y nadie puede evitar mi ser de ayer y de
ahora. La amo porque no hace ni siquiera treinta años yo no
existía.
Amo la vida porque sé que un día se apagará el
sol de mis mañanas y entonces sabré de qué servía
amar la vida así, con tantas ganas.
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contemplación ( + sensibilidad )
Los auténticos
milagros
Autor/a: Desconocido/da
Procedencia: Colaborador/a
Tres personas iban andando por un
sendero de un bosque: un sabio con fama de hacer milagros, un poderoso
terrateniente y, algo más atrás, escuchando la conversación,
iba un joven estudiante, alumno del sabio.
Poderoso: "Me han dicho en el pueblo que eres una persona tan
poderosa que incluso puedes hacer milagros".
Sabio: "Soy una persona vieja y cansada.... ¿Cómo
piensas que yo podría hacer milagros?"
Poderoso: "A pesar de todo, he oído decir que curas
enfermos, das la vista a los ciegos y restituyes la cordura a los
locos... estos milagros tan sólo puede hacerlos una persona
muy poderosa".
Sabio: "¿Es esto lo que querías decir?, Tú
lo has dicho, estos milagros sólo los puede hacer una persona
muy poderosa... no un viejo como yo; estos milagros los hace Dios,
yo sólo pido que se le conceda un favor al enfermo o al ciego.
Todo el mundo con la misma fe en Dios puede hacer lo que yo hago".
Poderoso: "Yo quiero tener la misma fe para realizar los milagros
que tú haces... muéstrame un milagro para poder creer
en tu Dios".
Sabio: "¿Esta mañana ha vuelto a salir el sol?"
Poderoso: "Sí, ¡Ya lo creo!"
Sabio: "Pues, ahí tienes el milagro... el milagro de
la luz".
Poderoso: "No, lo que yo quiero ver es un auténtico
milagro: esconde el sol, haz brotar agua de una piedra... mira si
hay un conejo herido cerca del sendero, tócalo y cúralo".
Sabio: "¿Quieres un auténtico milagro?, ¿Es
verdad que tu mujer ha dado a luz un niño hace unos días?"
Poderoso: "Sí, un chico y ¡es mi primogénito!"
Sabio: "Ahí tienes el segundo milagro... el milagro
de la vida":
Poderoso: "Sabio, tú no me entiendes, quiero ver un
auténtico milagro..."
Sabio: "¿Estamos, acaso, en la época de la cosecha?
¿No han germinado el trigo y la cebada donde hace unos meses
tan sólo había tierra?"
Poderoso: "Sí, como todos los años".
Sabio: "Pues, ahí tienes el tercer milagro..."
Poderoso: "Creo que no he explicado bien lo que yo quería..."
(El sabio el interrumpe)
Sabio: "Te has explicado bien y yo ya he hecho por ti todo
lo que podía hacer. Si no has encontrado lo que querías
siento decepcionarte, he hecho todo lo que está a mi alcance".
Al acabar estas palabras, el poderoso terrateniente se fue muy decepcionado
por no haber encontrado lo que buscaba. El sabio y su alumno permanecieron
en el sendero. Cuando el poderoso terrateniente ya estaba lejos
para ver lo que hacían, el sabio fue hacia el borde del camino,
tomó el conejo, soplo sobre él y sus heridas se curaron.
El joven se sentía algo desconcertado.
Joven: "Maestro, te he visto hacer milagros como éste
todos los días, ¿por qué no has querido hacerlo
para el señor Poderoso? ¿Por qué lo haces ahora
que no lo puede ver?"
Sabio: "Lo que él buscaba no era el milagro, era el
espectáculo. Le mostré tres milagros y no los pudo
ver... Para ser rey hay que ser primero príncipe, para ser
maestro, primero hay que ser alumno... No puedes pedir grandes milagros,
si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se
te muestran cada día. Cuándo sepas ver a Dios en todas
las pequeñas cosas de tu vida, comprenderás que no
necesitas más milagros que los que Dios te da cada día
sin haberlos pedido tú".
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contemplación ( + fe)
La pregunta
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a
- Maestro, una última pregunta: ¿Quién
es Dios? ¿Dónde está Dios?...
El extraño, puesto en pie, le miró; luego extendió
los brazos como pretendiendo asirlos a todos; levantó la
cabeza hacia lo alto y no dijo nada, pero algo sorprendente se manifestó...
Un sereno silencio lo invadió todo. En las mentes de aquellas
personas, los incontrolables pensamientos que siempre distraen,
las ideas que fluyen y refluyen, como ahora mismo fluyen y refluyen
en la mente del lector, opinando, corrigiendo, censurando, negando,
asintiendo... quedaron congelados, quietos, arrinconados, inactivos...
sus mentes quedaron atentas, abiertas y expectantes, esperando la
respuesta del extraño a la última pregunta...
Y se abrió ante ellos el libro de la naturaleza. Y las páginas
fueron pasando descubriendo ante sus mentes, ahora capaces, hipersensibles,
la presencia de lo sublime en las cosas cotidianas.
Y una brisa suave les trajo el aroma de los campos, y el olor del
heno, del tomillo y del orégano... y el de las comidas y
el pan de las cocinas campesinas flotando en los humos de sus hogares...
y el de la humilde violeta y el de las madreselvas y jazmines...
y la fragancia de los macizos de rosas y claveles de los jardines
cultivados...
Al fondo susurrante del deslizar del río se unió el
croar de las ranas desde sus húmedos márgenes y el
concierto de los grillos y de las cigarras desde los fértiles
campos... Y les llegó el mugir de las vacas pastando... y
el rebuzno del asno... y el ladrido lejano del perro del pastor...
y, de los rebaños distantes, la bucólica música
de las esquilas y los balidos de las ovejas... Desde las alturas,
el grito de las gaviotas destacó sobre la algarabía
gozosa de tantos y tantos pajarillos del campo...
De un convento lejano llegaron las cristalinas voces de un coro
de monjas... y de un pueblo, también lejano, el repicar a
fiestas de las campanas y los estampidos de los cohetes... y, de
otro pueblo, el lento doblar a muerto por un vecino ido...
De la aldea cercana, subieron los gritos y las risas de los niños
en el recreo de la escuela despertando el recuerdo de sus caras
inocentes iluminadas por la candidez de sus ojos... De una universidad
distante, en una ráfaga exultante de arrojo juvenil, les
llegó un himno cargado de futuro: "gaudeamus igitur,
juvenes dum sumus....". Y de las calles, y de las tiendas,
el ruido confuso de las gentes en sus afanes diarios... y, sencilla
como la propia tierra, les llegó una canción salida
del corazón de un campesino en la era...
Mientras se deleitaban con estas sensaciones y muchas otras que
aquí no se describen, aquellos doctos oyentes se miraban
entre sí sorprendidos ante una nueva forma de verse: sus
imágenes lucían deliciosamente bellas y se sentían
dichosos contemplándose bajo una nueva luz.
Despiertos y conscientes de lo extraordinario del suceso, intentaron
dar explicación racional a aquel fenómeno; fue entonces
cuando, al alzar sus cabezas y mirar hacia lo alto, comprendieron
el cambio: el sol, ahora sol total, cubría la bóveda
celeste de lado a lado creando un nuevo cielo desde el naciente
hasta un poniente que ya no existía; su nueva inmensa luz
lo inundaba todo con una confortable claridad que les mostraba un
pacífico día sin noche. Los colores de las cosas resaltaban
como nunca habían visto... El blanco de las margaritas y
de las rosas blancas era más blanco que el blanco luciendo
como encendido; el rojo de las amapolas destacaba entre la hierba
con tal fuerza que entraba a empujones por los ojos... La fruta
madura en los árboles parecían farolillos de verbena
con luz interior... Las colas de los pavos reales cegaban con su
explosión multicolor... y las jaulas de las aves exóticas
reventaban inundadas por la intensidad del colorido de sus plumas...
La felicidad brillaba en los iluminados rostros de los eruditos
presentes...
Y se cerró el revelador libro de la naturaleza, y todo volvió
a ser como siempre: con muchas preguntas sin respuesta y muchas
dudas por aclarar. En silencio, los afortunados asistentes se alejaron
del lugar llevando en sus corazones el esperanzador impacto de aquella
experiencia.
Allí quedó el que había hecho la última
pregunta, encogido, arrodillado, con el rostro cubierto con las
manos, sollozando de felicidad. Cuando levantó la cabeza,
en sus labios quedaron truncadas palabras de agradecimiento: el
extraño ya no estaba allí.
inicio
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contemplación ( + ecologia)
Cinco alpinistas
Carlos García
Valles
Procedencia: Colaborador/a
Un grupo de cinco montañeros
amigos estaban escalando un pico alto y remoto después
de una larga preparación. Para la ascensión se habían
atado los cinco en una cordada, como es de rigor, ya que así,
si uno de los cinco resbalaba, podrían izarlo y salvarlo,
como tenían bien ensayado. Todo hizo falta en la ardua
ascensión, pues la cumbre era escarpada y cualquier caída
sobre el valle, lejano desde tanta altura, había de resultar
necesariamente fatal. Paso a paso avanzaban hacia el vértice
blanco, con firme voluntad de conquista segura.
Todo fue bien hasta que uno de los cinco resbaló y cayó
con fuerza hacia el vacío. En su caída arrastró
al compañero más cercano, que nada pudo hacer por
detenerlo, y éste a su vez arrastró al siguiente,
hasta que los cinco amigos, atados aún por la firme cuerda,
comenzaron su descenso vertiginoso hacia una muerte segura. La
roca no tuvo piedad y, tras la larga y solidaria caída,
los cinco amigos perecieron en su aventura.
Allá en el cielo, san Pedro se aprestó a recibirlos
y, como había presenciado con mucho interés su arriesgada
escalada, decidió hacerles una sola pregunta, la misma
a todos, para decidir si podía admitirlos en el cielo o
no. Llegó el primero de la cordada, y san Pedro le preguntó:
"He visto que has caído desde una gran altura, y la
caída ha sido larga, ya que estabais a punto de alcanzar
la cumbre cuando caísteis. Dime, pues, y dime con sinceridad,
pues de tu respuesta dependerá tu suerte, ¿en qué
pensabas mientras caías por el aire desde la cumbre hasta
el valle en que encontraste la muerte? ¿Qué pensamientos
pasaron por tu mente?
El primer alpinista contestó:
"En cuanto me desprendí de la roca, caí en
la cuenta de que aquello era el fin, y todo lo que pensé
fue lo tonto que había sido al embarcarme en una locura
que bien sabía yo que habría de acabar mal. Pero
me dejé convencer, y tenía que pagar las consecuencias.
Me dio mucha rabia, y con esa rabia me estrellé".
San Pedro le dijo:
"Lo siento, pero no puedes entrar".
El segundo contestó:
"Yo me vi caer y, aunque comprendí que la situación
era desesperada, no perdí toda esperanza y traté,
según caía, de ver si había algún
saliente que pudiera coger con las manos o con la cuerda para
quedar enganchado allí y salvar mi vida y las de mis compañeros.
Pero ya ves que no lo conseguí, y aquí estoy".
San Pedro reflexionó un momento y sentenció:
"Tampoco tú puedes entrar aquí".
El tercero contestó:
"Yo no pensé en mí mismo, sino en mi mujer
y mis hijos. Me dio gran pena pensar que con mi muerte mi mujer
quedaría viuda, y mis niños huérfanos. Con
esa pena en el alma morí". San Pedro lo miró
con cariño y comprensión, pero luego le dijo suavemente:
"Está bien, pero no puedes entrar".
El cuarto contestó:
"Desde el primer momento de la caída, yo pensé
en Dios. Le encomendé mi alma, le pedí perdón
por todos mis pecados con contrición sincera y, aunque
no tenía mucho sentido hacer propósitos de enmienda
y prometer no pecar más, cuando sabía que ya no
había de tener ocasión, sí expresé
mi dolor por haber ofendido a Dios y me entregué a su misericordia".
San Pedro se rascó la cabeza pensativo y, por fin, dijo:
"En eso hiciste bien, pero fue un poco tarde. Tampoco tú
puedes entrar".
El quinto contestó: "Yo vi desde el primer momento
que me quedaban sólo unos instantes de vida. Abrí
los ojos y vi a mí alrededor la vida más bella que
el hombre puede imaginar. Mientras escalábamos la cumbre,
estaba demasiado preocupado con la ascensión y agotado
por el esfuerzo para fijarme en la belleza del paisaje; pero,
una vez libre de toda preocupación en aquella soberbia
caída, pude dedicarme a disfrutar con toda el alma del
espectáculo único de las montañas, la nieve,
el valle y las nubes, todo visto desde la perspectiva privilegiada
del vuelo del pájaro que por unos instantes fue mío.
Con esos felices sentimientos estaba cuando me llegó el
fin".
San Pedro le puso la mano en el hombro y le dijo:
"Adelante, hijo mío. Este reino es para ti".
Entraron los dos juntos en el cielo y se cerró la puerta.
Al cerrar la puerta del cielo, murmuró san Pedro para sus
adentros:
"Pero ¿cómo voy a dejar entrar en el cielo
a quien no ha sabido disfrutar en la tierra? ¿Cuándo
se enterarán de lo que tienen ahí abajo?"
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