Amor contra perversión
Autor: Recopilación de cuentos orientales: Ramiro
Calle
Procedencia: Cuentos de amor y amistad. Editorial Jaguar
Se trataba de un mono muy compasivo y que abría
su corazón a todos los animales que encontraba. Un día
conoció a una tortuga macho y trabó una buena amistad
con ella. Tortuga y mono pasaban muchas horas al día hablando
de sus cosas. Pero la tortuga estaba cansada y la tortuga hembra comenzó
a sentirse molesta porque su marido estaba demasiadas horas fuera de
casa. Pidió explicaciones y la tortuga macho le explicó
que había trabado una gran amistad con un cariñoso mono
con el que podía hablar de muchos temas y enriquecerse con su
amistad y sus sentimientos siempre bondadosos. La esposa, entonces,
quedó presa de los celos y se dijo: "Debo hallar algún
modo de acabar con ese maldito mono". Ideo un plan perverso y lo
puso en acción. Comenzó a fingir que había adquirido
una rara enfermedad muy peligrosa y que ponía en riesgo su vida.
El marido estaba realmente preocupado.
-¿Qué puedo hacer por ti, esposa?
La tortuga hembra dijo:
- Mis órganos están muy débiles. En cualquier momento
puedo morir. He consultado a la tortuga curandero y me ha asegurado
que sólo puedo salvarme si como hígado de mono.
La angustia atenazó al marido. La esposa insistió:
- Necesito hígado de mono o moriré; te lo aseguro. Tú
tienes amistad con ese compasivo mono. Si es tan bondadoso, como siempre
dices, no durará en ofrecerte su hígado para salvar mi
vida.
La tortuga macho fue a hablar con el mono y le mintió:
- Amigo mono, mi esposa desea conocerte y procurarte los mayores atenciones.
Ven a comer a nuestra casa.
Las tortugas vivían en medio de un estanque y el mono no sabía
nadar. Preguntó:
- ¿Y cómo llegaré a vuestra casa?
- Muy fácil, amigo; sólo tengo que llevarte sobre mi caparazón
- Magnifico - dijo el mono satisfecho y anhelando conocer a la esposa
de su buen amigo.
Comenzaron a cruzar el estanque, el mono sobre el caparazón.
A medio camino la tortuga dijo:
- Tengo que decirte la verdad. Necesitamos un hígado. Mi mujer
esta muy enferma y tiene que ingerir hígado de mono si quiere
salvar la vida.
El mono, que era intuitivo, enseguida captó las intenciones de
la tortuga hembra. Aparentando la mayor naturalidad dijo:
- ¿Cómo no me los has dicho antes? Resulta que he olvidado
el hígado en mi cabaña, sobre el árbol. Pero ya
sabes cuánto te quiero, así que volvamos y lo cogeré.
Si tu esposa está enferma, yo la ayudaré encantado.
Volvieron hasta el refugio del mono y éste trepó por el
tronco del árbol. Desde allí le exclamo a la tortuga macho:
- ¡Pobre tonto tu mujer te ha engañado!. No puedo seguir
asociado a alguien tan necio. Ella es perversa y tú, simplemente,
bobo. Te deseo todo lo mejor, créeme, pero no vuelvas por aquí.