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Catalán

Estudio de la Palabra

Es el estudio de Jesucristo en la Palabra de Dios. Este estudio nace del deseo y de la necesidad de conocer a Jesús para darlo a conocer. Nos hará hacer la experiencia que Jesucristo nos hace crecer en su Amor y avanzar en su seguimiento.
El fruto y eficacia del Estudio de Evangelio se recoge cuando se hace con una cierta continuidad y marcando un cierto itinerario de los aspectos de Jesús que queremos descubrir, estudiar, profundizar.

Ver anteriores

Propuesta de Lectio Divina personal (o en grupo)
Domingo XII de tiempo ordinario_Ciclo A_Jn 10,26-33

(A) ORACIÓN

ORACIÓN

Envía sobre nosotros, Señor, tu Espíritu Santo:
que disponga nuestro corazón para escuchar tu Palabra;
que nos conceda encontrarte en ella;
y que haga que esta Palabra se convierta en vida en nuestras personas.

(B) PASOS PARA LA MEDITACIÓN

1. LEE...

¿Qué dice el texto?

Atiende a todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas. Para la comprensión del texto te pueden servir los comentarios que te ofrecemos a continuación.

Texto (Mt 10, 26-33)

En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». Los judíos discutían entre ellos: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del hijo del hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él. Como el Padre que me ha enviado vive y yo vivo por el Padre, así el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el que comieron los padres, y murieron. El que come este pan vivirá eternamente».

Comentarios:

La expresión “no temáis”, que se repite tres veces, se usa frecuentemente en el Antiguo Testamento para asegurar la ayuda divina (véase por ejemplo: Is 41,10; 41,13; 43,1; 43,5; 44,2; Jr 1,8; 30,10). Ahora esta palabra de consuelo se dirige a los discípulos para que superen el miedo y la angustia que trae consigo la persecución. Va acompañada de tres motivaciones: En primer lugar (MT 10,26-27), el miedo no debe impedir la proclamación abierta del mensaje que Jesús les ha encargado anunciar, pues este mensaje acabará siendo públicamente conocido. Jesús ha venido para manifestar las cosas que estaban ocultas (Mt 13,35), y lo mismo deben hacer sus discípulos. La segunda motivación (Mt 10,28) sitúa a los discípulos(as) en el horizonte del juicio. Lo decisivo no es que la gente pueda quitarles la vida, sino que alguien pueda ocasionarles la ruina definitiva de la vida (el alma) y del cuerpo. No está claro si esta alusión se refiere al Maligno o si se refiere al mismo Dios, revestido de su condición de juez, aunque en la visión de Mateo esta segunda posibilidad es mucho más probable (véase Mt 25,31-46). La tercera motivación (Mt 10,29-31) se fundamenta en la confianza inquebrantable que los discípulos han de tener en Dios, a quien reconocen e invocan como Padre. La solicitud de este Padre llega hasta extremos insospechados. Para ilustrarla, Jesús recurre a una comparación muy elocuente: si el Padre cuida hasta de los pájaros más pequeños e insignificantes y tiene contados hasta los cabellos de los discípulos por los que ni ellos mismos se preocupan, ¿cómo no va a ocuparse de su pueblo querido, que anuncia la buena noticia? La certeza de ser hijos de Dios es, pues, lo que en última instancia, fundamenta la misión, y hace que esta no se detenga ante las dificultades. Las últimas palabras (Mt 10,32-33) retoman el tema del juicio (MT 10,28) y establecen una ecuación fácil de entender: aquello que suceda en el momento de la persecución se repetirá en el momento del juicio; los discípulos que hayan sabido dar testimonio de Jesús ante la gente escucharán el testimonio de Jesús en favor suyo ante Dios, pero aquellos que hayan sucumbido al miedo y le hayan negado se encontrarán con que también Jesús los negará delante de su Padre.

2. MEDITA...

¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Sugerencias:

Dios es quién cuida maternalmente de su comunidad

El riesgo mayor no es perder la vida física, sino perderse en el camino la vida

  • ” No tengáis miedo “

  • ” Yo lo reconoceré delante de mi padre“

3. CONTEMPLA Y REZA...

¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Sugerencias:

  • Cada uno de mis cabellos, Señor, los tienes

Contados, ayúdame a que yo lleve mejor la

Cuenta de las veces que mis hermanos me

necesitan

4. ACTÚA...

¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

5. COMPARTE...

Si la Lectio se hace en grupo, podéis compartir con sencillez lo que cada uno ha descubierto, para enriquecimiento del grupo.

6. DA GRACIAS...

Puedes acabar este momento con una oración: expresa a Dios lo que has vivido, dale gracias por lo que te ha manifestado, y pide al Espíritu que te haga pasar de la Palabra a la vida.

Gracias, Padre, por lo que me has revelado con esta Palabra,
ayúdame a progresar en el conocimiento de tu Hijo Jesús
y hazme dócil a la acción del Espíritu en mi vida.

Fuente (comentarios y sugerencias): http://www.siervas-seglares.org

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