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Catalán

Medito la palabra

Los rechazados escuchan de boca de Jesús una predicación en la que no se encuentran excluidos. “Oír” es el primer paso del discípulo, y en esta etapa están “todos los cobradores de impuestos y pecadores”.

Los fariseos se escandalizan de las actitudes de Jesús frente a los pecadores, y murmuran. La acusación es que Jesús acepta favorablemente, recibe, espera a los pecadores, y -seguramente lo más grave- “come con ellos”: expresión evidente de un nuevo rostro de Dios que no vino “a llamar a los justos sino a los pecadores”.

El movimiento de partida y regreso del hijo es semejante al perder-encontrar, y más aún a la muerte-resurrección. Recibe gratuitamente la filiación que había “perdido”: Esto significan el anillo (sello), las sandalias y el mejor vestido, digno de un huésped de honor. La alegría del padre queda reflejada, además, en la fiesta por “este hijo mío”.  La cerrazón del hermano mayor expresa la seguridad del que siempre ha sido fiel, pero no ha experimentado la misericordia. La misericordia supone un salir hacia los otros, los pecadores que -por serlo- no merecen… Misterio: el amor es siempre gratuito y va más allá de los merecimientos, mira al caído.

¿Qué hay en mi corazón de hijo pródigo… que huye respecto al Padre, que malgasta la herencia gratuitamente recibida?

¿Qué hay en mí de hijo mayor que se cree mejor, con más derechos, irreprochable, despectivo hacia los demás hermanos?

¿Qué hay en mí que evoque la misericordia paciente y madura del Padre?

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