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Catalán

Medito la palabra

Nuestras comunidades, y nuestras personas, no pueden estar ajenas al conflicto, no siempre serán balsas de aceite. Incluso a veces el conflicto es necesario... Pero no podemos quedarnos estancados en él. En un mundo cargado de egoísmo, de envidias, de rencores y de odios, la comunidad cristiana está llamada a ser testimonio de una realidad nueva y diferente: el testimonio del amor, y un amor semejante al de Jesús. Esa será nuestra señal de identidad.


En el evangelio de este domingo, unas pocas palabras del gran discurso de despedida de Jesús. Pocas, pero esenciales, porque en ellas Jesús nos indica claramente en qué nos tenemos que distinguir sus seguidores y seguidoras: no en la forma de vestir, ni siquiera en la forma de rezar, sino en la forma de amar. Y ya sabemos cuál es: tal como Él amó. Si esto no se da en nuestras vidas y en la de nuestras comunidades, todo lo demás puede ser tiempo perdido.

- Os doy un mandamiento nuevo: ¿He puesto en el centro de mi vida el Amor? ¿Tengo conciencia de que ése es, realmente, «el mandamiento», la verdadera tarea del ser humano y del cristiano?

- Como Yo os he amado: ¿Tengo a Jesús como modelo y medida a alcanzar en mi progreso en el amor? ¿Cómo lo voy haciendo real en mi vida? ¿En qué tendría que avanzar?

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