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Catalán

Vivir a Fondo

 

Material semanal para la oración y la reflexión a partir del evangelio de cada domingo.

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Héroe anónimo (Luis Alfredo)

Su nombre no saldrá mañana en los periódicos
ni a mediodía su rostro en la televisión,
pero les aseguro que mi amigo es un héroe
de esos que dan su vida por amor.
Tendrá veinte años, poco más o menos,
y los ojos despiertos como un volcán,
una sonrisa fácil, aunque de hablar reservado,
y le encanta el fútbol y salir a bailar.

Hasta aquí me diréis: Nada de particular.
Nada que justifique que le vayan a cantar,
pero el fin de semana cuando cierra los libros,
mi amigo se viste de Supermán.

Y ES QUE ES UN HÉROE,
UN HEROE ANÓNIMO,
UN HÉROE,
UN HÉROE ANÓNIMO,
ES UN HÉROE.

Tiene toda una sala sólo a su cargo,
diez o quince críos, yo diría que mil,
y a cada uno de ellos llama por su nombre,
y cada uno de ellos le responde: ¡papá!
A Antonio, de quince años,
le da comer en la boca.
A Rafa , de once, le está enseñando a andar.
Y por la noche, después
que los ha acostado a todos,
mientras se fuma un pitillo,
escucha Supertramp.

El lunes, en la facultad,
Se hablará de mil cosas.
Cada uno tendrá una aventura que contar
pero mi amigo,
que tiene una sonrisa fácil,
Es más bien reservado
a la hora de hablar.

Y ES QUE ES UN HÉROE…

Su nombre no saldrá mañana
en los periódicos,
ni a mediodía su rostro en la televisión,
pero les aseguro que mi amigo es un héroe,
de esos que dan la vida por amor, por amor


SALMO PARA LA ORACIÓN

Dios mío,
sólo tu ayuda y tu ternura
pueden curar mi herida.
Sólo tu benevolencia y tu generosidad
pueden enriquecer mi pobreza.
Nada calma mi miedo fuera de tu favor.
Nada me aparta de mi debilidad si no es tu fuerza.
Mi deseo no se apaga si no es con tu generosidad.
Sólo tú puedes satisfacer la necesidad que tengo de ti.
Sólo tu misericordia consuela mi tristeza.
Sólo tu piedad disipa mi desgracia.
Sólo tu alegría puede fundir mi pena.
Y nada no me guarece, enfermo como estoy, si no es tu cura.
Oh tu, que sacias a los que en ti esperan,
último recurso de los que te invocan,
meta final de aquellos quienes te buscan,
supremo anhelo de los que te desean!
Oh protector de los santos, seguridad de los temerosos,
proveedor de los necesitados, heredad de los desposeídos,
tesoro de los desgraciados, socorro de los amenazados.
Tú, que satisfaces las necesidades de los pobres,
oh generoso y misericordioso.
Apacigua mi ser con el frescor de tus dones,
derrama sobre mí tus favores.
Estoy aquí, esperando, a las puertas de tu generosidad,
expuesto al aliento de tu benevolencia, fijado en ti, tomado por ti.
Ayúdame, oh tu, que asistes a todos!
Dios mío, ten piedad de tu servidor,
otórgale la abundancia de tus riquezas,
consérvalo bajo tu protección.
¡Tú que eres bueno, Tú que eres grande, Tú, el Misericordioso!

 

(Mí ben Husayn. Año 680)

LA VIDA ES:

una oportunidad, aprovéchala.
Belleza, admírala.
Bienaventuranza, saboréala.
Un sueño, hazlo realidad.
Un desafío, afróntalo.
Un deber, cúmplelo; un juego, juégalo.
Un tesoro, cuídalo.
Una riqueza, consérvala.
Amor, gózalo. Un misterio, descúbrelo.
Una promesa, realízala. Tristeza, supérala.
Un himno, cántalo. Una lucha, acéptala.
Una aventura, arriésgate.
Vida, defiéndela.


(Madre Teresa de Calcuta)


LEO LA PALABRA

Jn 9, 1-9.13-17.34-38

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?» Jesús contestó: «Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.» Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: -«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).» Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?» Unos decían: «El mismo.» Otros decían: «No es él, pero se le parece.» Él respondía: «Soy yo.» Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.» Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?» Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»Él contestó: «Que es un profeta.» Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?» Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.» Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.

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