Oración: dificultades y obstáculos.

Oración: dificultades y obstáculos.

En tu experiencia personal de oración seguramente encontrarás algunas objeciones, de las que tienes que ser consciente y de las que no te tienes que extrañar. Te presento algunas.

1. Fatiga

La oración es fatiga. La tradición cristiana siempre ha sido consciente de que la oración es una obra difícil y fatigosa. El cuerpo se impone, la fatiga física es una constante de la oración en todo tiempo. Y en nuestros días, en medio de ciertos ritmos de vida, es fatigoso permanecer en silencio, en soledad, y aceptar la inactividad del tiempo dedicado a la oración.
Este esfuerzo lo ha de afrontar cada uno a solas delante del Señor. Un estímulo para no desertar de la oración debido a la fatiga puede ser el ejemplo de quienes nos han precedido en la fe, o de los que nos rodean, que nos pueden garantizar una oración incesante, capaz de suplir nuestros momentos de dificultad o de vacío espiritual.


2. No tengo tiempo

Esta presunta falta de tiempo es la dificultad más frecuente con la que nos encontramos. A veces es cierto, a veces puede ser una mala excusa. Hay que ser sinceros y discernir cuánto tiempo dedicamos a otras actividades no productivas (delante de la televisión, del ordenador...) Por otra parte, sabemos buscar tiempo para hacer lo que nos interesa de verdad. En todo caso, la disciplina del tiempo no es secundaria en la oración, sino central. Tú sabrás...

3.  Las distracciones

Son habituales, y lo sabemos; y tampoco deben ser una excusa. A lo largo de esta Escuela de Oración se ha hecho referencia a este aspecto. Las distracciones vendrán (en forma de preocupaciones, de imágenes, de personas...) Hay que evitar luchar contra ellas de manera obsesiva; se pueden dejar pasar, no hacerles caso, o transformarlas en ocasión de oración ("descargarlas en Dios"). Tampoco hay que obsesionarse en "hacer un vacío mental"; la oración cristiana trata de llenar nuestro ser con la presencia de Dios, hacer habitar en nosotros su Presencia, hasta que las otras presencias no lleguen a dominarnos. Pero nos engañamos si pretendemos vencer las distracciones de una vez por todas: lo importante es no desanimarse y no abandonar la oración por este motivo


4.  Soy inconstante

Tampoco debe sorprendernos esta objeción. Todos tenemos períodos de aridez en los que nos resulta difícil orar y hasta podemos llegar a pensar que es una tarea imposible. Nuestra inconstancia se manifiesta con más fuerza cuando comprendemos que la oración nos supone dar pasos de conversión de nuestros deseos a la voluntad de Dios. Y precisamente en estos momentos de prueba es cuando más se necesita la perseverancia, el orar sin cansarse, esperar "los tiempos de Dios”... aunque no consigamos orar...

5. Trabajar y comprometerse ya es rezar

"El trabajo es oración", ya conocemos este eslogan. Pero también sabemos que la oración no os debe aislar del compromiso, y que, si éste no nace del contacto con el Señor, puede convertirse en activismo, y a la larga producir un efecto de cansancio sin sentido. No sé si es del todo exacto que "trabajar es orar"; en todo caso sí que "orar es trabajar", entendiéndolo como que la oración incansable puede llenar de sentido cada acción que realizamos en compañía y en favor de los demás. Así se cumple aquello que dice San Pablo a los de Tesalónica: “continuamente recordamos con cuánta fe habéis trabajado, con cuánto amor habéis servido” (1Te 1,3)