CUENTOS Y VIVENCIAS - 1

Ser expertos en humanidad - Dalo todo a quien quieres - Déjate enganchar por la nueva vida - Darlo todo - Creer en la utopía - El pozo y los camellos - Los tres ciegos - Asamblea en la carpintería - Cambiar yo para que cambie el mundo - Una taza de caldo - Construir puentes y no vallas - Adora y confía - De Cafarnaún a Jerusalén - Liberarse - Con las gafas de Dios - Hay que saber callar para oír - Contra la intolerancia - Noche y día - Vía crucis de la deuda externa - El don de perdonar - Te hice a ti - Mi hermano - Testimonio de perdón - Un regalo de verdad - La liebre y el tigre


Ser expertos en humanidad en este mundo
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a

Si pudiéramos reducir la población de la Tierra a un pueblo de exactamente 100 habitantes, manteniendo todas las proporciones y estadísticas existentes, sería algo así como lo siguiente:
Habría:
57 Asiáticos, 21 Europeos, 14 del Hemisferio Occidental (Norte y Sur), 8 Africanos
52 serían mujeres. 48 serían hombres
70 serían no cristianos, 30 serían cristianos
70 serían no blancos, 30 serían blancos
89 serían heterosexuales, 11 serían homosexuales (reconocidos)
6 personas poseerían el 59% de toda la riqueza del mundo y los 6 serían de los Estados Unidos.
80 vivirían en barracas, 70 no sabrían leer, 50 sufrirían malnutrición, 1 estaría a punto de morir; 1 estaría a punto de nacer
1 (sí, sólo 1) tendría educación universitaria, 1 tendría ordenador.
Si te has levantado esta mañana más sano que enfermo... tienes más suerte que el millón de personas que no pasarán de esta semana.
Si nunca has experimentado el peligro de la guerra, la soledad del encarcelamiento, la agonía de la tortura o el dolor del hambre... estás mejor que 500 millones de personas.
Si puedes ir a la iglesia (sinagoga, mezquita, templo,...) sin temor a ser sitiado, arrestado, torturado o asesinado... eres más afortunado que 3.000 millones de personas en el mundo.
Sí tienes comida en la nevera, tienes ropa y tienes un sitio para dormir... eres más rico que el 75% de las personas del mundo.
Si tienes dinero en el banco, en tu cartera o en algún mueble... eres parte del 8% de las personas más ricas de este mundo.
Si tus padres todavía viven y están todavía casados eres un caso muy, muy raro, incluso en el mundo occidental.
Si puedes leer este mensaje, tienes la doble bendición de tener a alguien que piensa en ti y además estás mejor que unos 2.000 millones de personas que no saben leer.

 


Dalo todo a quien quieres
Autor: G. Souza
Procedencia: Colaborador/a


Hace muchos años, cuando trabajaba como voluntario en un hospital, conocí a una niña que sufría una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recuperarse aparentemente, era una transfusión de sangre de su hermano de 5 años, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla.

El doctor explicó la situación al hermano de la pequeña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre a su hermana. Lo vi dudar tan sólo un instante antes de dar un gran suspiro y decir: "Sí, lo haré, si esto la salva"

Mientras la transfusión continuaba, él estaba estirado en una cama junto a la de su hermana, y sonreía mientras nosotros los asistíamos y veía devolver el color a las mejillas de la niña. En un determinado momento la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció. Miró el doctor y le preguntó con voz temblorosa:

"¿A qué hora empezaré a morirme?"

Siendo sólo un niño, no había comprendido al doctor: Él pensaba que le daría TODA su sangre a su hermana, y entonces moriría.

 


Déjate enganchar por la nueva vida
Autor: M. Ferrés
Procedencia: Colaborador/a

Es demasiada la vida que hay en tu mundo para contentarte con vivir de pequeñas migajas.

Eres demasiada persona para que te engañes a ti mismo/a y a los otros vegetando en este mundo.

Es demasiado reseca la tierra que pisas para que no veas que puede nacer una flor.

Es demasiado el bien que puedes hacer dando la vida, que es una injusticia reservártela.

Es muy grande la fuerza del compartir la vida, para que te emperres en vivir egoístamente.

Es verdadera la felicidad, para que continúes encadenándote a ti mismo/a, sin esperanza.

Está demasiado presente la Cruz de Cristo, para que los problemas te puedan vencer.

Es demasiado vivificante el Espíritu de Dios, para que te puedas cerrar una vez más.

Es demasiada vida la vida, para que no la celebres.

Abre las manos, el corazón y la cabeza y ¡déjate enganchar por la vida nueva!

 


Darlo todo
Autor: Rabindranath Tagore
Procedencia: Colaborador/a

Iba yo pidiendo de puerta en puerta cuando tu carroza de oro apareció en la lejanía, como un sueño magnífico.
Y yo me preguntaba maravillado quién debía ser aquel rey de reyes.

Mis esperanzas volaron hasta el cielo y pensé que los días amargos se me habían acabado.

Me quedé esperando limosnas espontáneas, tesoros desparramados delante de mí.

La carroza se paró a mi lado. Me miraste y bajaste sonriendo.

Sentí que la felicidad de mi vida había llegado.

Pero de pronto, me alargaste la mano diciendo: "¿Puedes darme algo?"

¡Ah! ¡Qué ocurrencia la de tu realeza! ¡Pedirle Tú a un mendigo!

Estaba confuso y no sabía qué hacer...saqué despacio de mi zurrón un grano de trigo y te lo di...

Que sorpresa tuve al atardecer cuando, vaciando el saco en tierra, encontré un grano de oro en medio del montón de granos de trigo.

¡Qué amargamente lloré de no haber tenido corazón para dártelo todo!


 


Creer en la utopía
Autor: Martí Luther King
Procedencia: Colaborador/a

Yo he soñado que los hombres, un día, se levantarán y comprenderán, de una vez, que han sido creados para vivir juntos como hermanos.

Yo he soñado esta mañana, que un día, cada negro de este país, cada hombre de color de cualquier sitio del mundo, será juzgado por su valía personal y no por el color de su piel, y que todos los hombres respetarán la dignidad de la persona humana.


Yo he soñado también que, un día, los estómagos vacíos se podrán llenar, que la fraternidad será algo más que una palabra al final de la plegaria, que será el tema principal del orden mundial.

Yo he soñado que, un día, la justicia brotará como el agua y la honradez será un gran torrente.

Yo he soñado, también hoy, que en todas las ciudades del Estado y en todos los municipios entrarán ciudadanos elegidos que nos harán justicia, la amarán y andarán humildemente por los caminos de su Dios.

Yo he soñado también que, un día, yacerán juntos el cordero y el león, que los hombres podrán descansar bajo la parra y la higuera, y que nadie volverá a tener nunca jamás miedo.

Yo he soñado, también hoy, que se reducirán los abismos y se abajarán las montañas y los cerros, y los terrenos escabrosos serán un valle, que Dios se dejará ver, que todos los hombres, reunidos, lo verán....
Yo he soñado también que, gracias a esta fe, venceremos las tentaciones de la desesperanza y encenderemos una luz nueva sobre las las tinieblas del pesimismo.

 


El pozo y los camellos
Autor: Mamerto Menapace, osb
Procedencia: Monasterio Santa María de Los Toldos

En las ciudades de los hombres hay fuentes que manan día y noche. Su misión no es la de abrevar a los hombres de la ciudad. Más bien cumplen con la función de alegrar la vista con su juego de agua en movimiento, y los oídos con su despreocupado murmullo en medio del bullicio. Fuentes que son visitadas por los turistas, hombres que llegan hasta ellas sin sed y con una máquina de fotografiar en bandolera.

Abundancia de aguas inútiles, derrochadas frente a hombres sin sed. Armonía de movimientos y colores para entretener a hombres que necesitan gastar su tiempo, porque se han detenido en la vida al quedarse sin metas. Fuentes conocidas por todo el mundo.

En la Plaza de San Pedro, compré una vez por noventa liras, diez tarjetas postales con diez fuentes distintas que había visitado en una sola mañana en que no sabía qué hacer. En ninguna de ellas sentí la necesidad de beber.

Pero en el país de los nómadas, las cosas son diferentes. En la tierra de hombres en movimiento, con metas difíciles y lejanas, no hay fuentes, sino solamente pozos. Pozos del desierto, distantes y ocultos bajo la monotonía de los arenales. Abrevadas en un pozo, hay caravanas que a veces tienen que caminar con urgencia largo tiempo, antes de encontrar el más próximo. Y a veces, su presencia es tan irreconocible, que no les queda más remedio que fiarse del instinto afiebrado de sus camellos sedientos, que buscan rumbos olfateando el viento.

Pero los camelleros saben también que cuando la sed se va haciendo insoportable, comienzan los espejismos. En los cerebros recalentados despiertan entonces las tarjetas postales de fuentes exuberantes y tentadoras que llevan a las dunas donde sólo está la muerte. ¡Pobre el turista que se adentre en el desierto con su cerebro equipado con postales de fuentes! Probablemente morirá de sed autoengañado, a poco trecho del pozo que podría haberle devuelto a la vida pero que le permaneció oculto, simplemente porque su presencia no se manifestaba con los mismos signos que las fuentes para turistas con las que había equipado su imaginación.

En ese momento los conductores de camellos deben aferrarse a dos convicciones: que los camellos con más sed son los mejor equipados para encontrar el pozo, y que la misión de los conductores es hacer lo imposible por mantener unida la caravana sin permitir la desbandada de los camellos sedientos, ni el rezagarse de los camellos satisfechos. De lo contrario los camellos sedientos a lo mejor encontrarán el pozo, pero una vez abrevados se habrán quedado sin caravana, y por ello sin meta, encadenados a morir junto a ese pozo agotado bien pronto. Y los otros, la caravana sin sedientos, habrán perdido con ellos la única posibilidad de dar con el pozo que les habría permitido continuar su marcha hacia la meta.

La eliminación de los inquietos es el suicidio de las comunidades.

 


Los tres ciegos
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a

Había una vez tres sabios. Y eran muy sabios. Aunque los tres eran ciegos. Como no podían ver, se habían acostumbrado a conocer las cosas con solo tocarlas. Usaban sus manos para darse cuenta del tamaño, de la calidad y de la calidez de cuanto se ponía a su alcance.

Sucedió que un circo llegó al pueblo donde vivían los tres sabios que eran ciegos. Entre las cosas maravillosas que llegaron con el circo, venía un gran elefante blanco. Y era tan extraordinario este animal que toda la gente no hacía más que hablar de él.

Los tres sabios que eran ciegos quisieron también ellos conocer al elefante. Se hicieron conducir hasta el lugar donde estaba y pidieron permiso para poder tocarlo. Como el animal era muy manso, no hubo ningún inconveniente para que lo hicieran.

El primero de los tres estiró sus manos y tocó a la bestia en la cabeza. Sintió bajo sus dedos las enormes orejas y luego los dos tremendos colmillos de marfil que sobresalían de la pequeña boca. Quedó tan admirado de lo que había conocido que inmediatamente fue a contarles a los otros dos lo que había aprendido. Les dijo:

- El elefante es como un tronco, cubierto a ambos lados por dos frazadas, y del cual salen dos grandes lanzas frías y duras.

Pero resulta que cuando le tocó el turno al segundo sabio, sus manos tocaron al animal en la panza. Trataron de rodear su cuerpo, pero éste era tan alto que no alcanzaba a abarcarlo con los dos brazos abiertos. Luego de mucho palpar, decidió también él contar lo que había aprendido. Les dijo:

- El elefante se parece a un tambor colocado sobre cuatro gruesas patas, y está forrado de cuero con pelo para afuera.

Entonces fue el tercer sabio, y agarró el animal justo por la cola. se colgó de ella y comenzó a hamacarse como hacen los chicos con una soga. Como esto le gustaba a la bestia, estuvo largo rato divirtiéndose en medio de la risa de todos. Cuando dejó el juego, comentaba lo que sabía. También él dijo:

- Yo sé muy bien lo que es un elefante. Es una cuerda fuerte y gruesa, que tiene un pincel en la punta. Sirve para hamacarse.

Resulta que cuando volvieron a casa y comenzaron a charlar entre ellos lo que habían descubierto sobre el elefante no se podían poner de acuerdo. Cada uno estaba plenamente seguro de lo que conocía. Y además tenía la certeza de que sólo había un elefante y de que los tres estaban hablando de lo mismo. pero lo que decían parecía imposible de concordar. Tanto charlaron y discutieron que casi se pelearon.

Pero al fin de cuentas, como eran los tres muy sabios, decidieron hacerse ayudar, y fueron a preguntar a otro sabio que había tenido la oportunidad de ver al elefante con sus propios ojos.

Y entonces descubrieron que cada uno de ellos tenía razón. Una parte de la razón. Pero que conocían del elefante solamente la parte que habían tocado. Y le creyeron al que lo había visto y les hablaba del elefante entero.

 


Asamblea en la carpintería
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a

Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias.

El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa? ¡Hacía demasiado ruido! Y además se pasaba el tiempo golpeando. El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo, dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.

Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás. Y la lija estuvo de acuerdo, a condición que fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba midiendo a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto.

En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inicio su trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente la tosca madera inicial se convirtió en un bonito mueble.

Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho, y dijo:

- ¿Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos.

La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto.

 


Cambiar yo para que cambie el mundo
Autor: Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador/a


El sufí Bayazi dice sobre sí mismo:

"De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: - Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo.

Conforme me fui haciendo adulto me di cuenta que me había pasado media vida sin haber conseguido cambiar a una sola alma, transformé mi oración y empecé a decir: - Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con esto me doy por satisfecho.

Ahora, que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que he sido. Ahora mi única oración es la siguiente: - Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo.

Si hubiera rezado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida."

 


Una taza de caldo
Autor: Batista Cerruti: historia real, vivida en Suiza, en un restaurante autoservicio
Procedencia: Colaborador/a


"Una señora de setenta y cinco años, coge una taza y le pide al camarero que la llene de caldo. Después se sienta en una de las mesas del local. Cuando apenas se ha sentado, se da cuenta que se ha olvidado el pan. Se levanta y va a coger un panecillo para comérselo con el caldo, y vuelve a su sitio.
¡Sorpresa! Delante de su taza de caldo se encuentra sentado un magrebí, que está comiendo sin inmutarse.
¡Esto es demasiado! - piensa la señora, - ¡pero no me dejaré robar!
Y dicho y hecho, parte el panecillo a pedazos y los echa dentro la taza que tienen en frente el magrebí y ella, y pone también la cuchara.
El magrebí, complacido, sonríe. Toman una cuchara cada uno hasta acabarse la sopa, todo en un absoluto silencio.
Acabada la sopa, el magrebí, se levanta, se acerca a la barra y vuelve con un gran plato de espaguettis y... dos tenedores.
Comen los dos del mismo plato, en silencio. Acaban el plato y se despiden:
"¡Hasta pronto!",- le dice la señora.- " ¡Adiós!" - le responde el hombre, con una sonrisa en los ojos. Parece satisfecho de haber hecho una buena acción, y se aleja.
La mujer lo sigue con la mirada; vencido su estupor busca con la mano el bolso de mano que había dejado colgado en el respaldo de la silla...Pero: ¡Sorpresa!
El bolso de mano ha desaparecido. "Así pues este magrebí... "
Cuando ya iba a gritar: "¡Ladrón, coged a aquel ladrón!", mira a su alrededor, y ve su bolso de mano colgado en una silla, dos mesas más atrás de dónde estaba ella, y sobre la mesa un plato con una taza de caldo, ya frío.
Inmediatamente se da cuenta de lo que ha pasado: No ha sido el magrebí el que se ha comido su sopa. Ha sido ella quien, equivocándose de mesa, ha comido merced al magrebí, como una gran señora.

 


Construir puentes y no vallas...
Autora: Desconocido/da
Procedencia: Colaborador/a

No hace demasiado tiempo, dos hermanos que vivían en granjas contiguas tuvieron problemas. Fue el primer conflicto serio que tenían en 40 años de trabajar juntos, compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes en forma continua.

Esta larga y beneficiosa colaboración acabó rápido. Empezó con un pequeño malentendido y fue creciendo hasta convertirse en una gran discordia entre ellos, hasta que explotó en un intercambio de palabras amargas, seguido de semanas de silencio.

Una mañana alguien llamó a la puerta de Luciera. Al abrir la puerta, encontró a un hombre con herramientas de carpintero. "Estoy buscando trabajo por unos días", dijo el forastero, " y quizás usted necesita algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo puedo ayudarle".

"Sí", dijo el hermano mayor, "tengo un trabajo para usted. Mire al otro lado del riachuelo aquella granja, allá vive mi vecino, bien, de hecho es mi hermano pequeño. La semana pasada había un bello prado entre nosotros y él hizo servir su buldózer y desvió el curso del riachuelo para que quedara clara la distancia entre nosotros.

Él hizo esto, quizás para enfurecerme, pero yo quiero hacerle una más gorda. ¿Ve usted aquella pila de troncos junto al granero? Quiero que construya una valla, una valla de dos metros de alto. No quiero verlo nunca jamás."

El carpintero le dijo: "Creo que comprendo la situación. Muéstreme dónde están las llaves y la pala para hacer los hoyos de los palos y le entregaré un trabajo que lo dejará satisfecho."

El hermano mayor ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y se alejo de la granja por el resto del día para ir a comprar provisiones al pueblo. El carpintero trabajó de lo lindo todo el día midiendo, cortando, clavando.

Al atardecer, cuando el granjero volvió, el carpintero justo había acabado su trabajo. ¡El granjero quedó con los ojos completamente abiertos! ¡No había ninguna valla de a dos metros!
¡En su sitio había un puente! - ¡un puente que unía las dos granjas a través del riachuelo! - Era una fina pieza de arte, incluso con pasamanos.

En este momento, el vecino, su hermano pequeño, vino desde su granja y abrazando a su hermano mayor le dijo: "¡Eres un gran tipo, mira que construir este puente precioso después de lo que te he hecho y dicho!".

Los dos hermanos estaban en plena reconciliación, cuando vieron que el carpintero recogía sus herramientas.

"¡No, espera!", le dijo el hermano mayor. "Quédate unos cuantos días. Tengo muchos proyectos para ti".

"Me gustaría quedarme", dijo el carpintero, "pero tengo muchos puentes por construir".

 


Adora y confia
Autor: Teilhard de Chardin
Procedencia: Colaborador/a

No te inquietes por las dificultades de la vida, por sus altibajos, por sus decepciones, por su futuro más o menos sombrío. Desea aquello que Dios desea.

Ofrécele en medio de inquietudes y dificultados el sacrificio de tu alma sencilla que, a pesar de los pesares, acepta los designios de su providencia. Poco importa que te consideres un frustrado, si Dios te considera plenamente realizado; como le place.

Déjate con confianza ciega en este Dios que te quiere para él. Y que llegará hasta ti, pese a que no lo veas nunca. Piensa que te encuentras en sus manos, tanto más fuertemente cogido, cuanto más decaído y triste te encuentres.

Vive feliz. Te lo suplico. Vive en paz. Que nada te turbe. Que nada sea capaz de sacarte la paz. Ni el cansancio psíquico. Ni tus equivocaciones morales.

Haz que brote, y conserva siempre sobre tu rostro, una dulce sonrisa, reflejo de aquella que el Señor continuamente te dirige. Y en el fondo de tu alma coloca, antes que nada, como fuente de energía y criterio de verdad, todo aquello que te llene de la paz de Dios.

Recuerda: Todo aquello que te reprima e inquiete es falso. Te lo aseguro en aras de las leyes de la vida y de las promesas de Dios.

Por esto, cuando te sientas afligido y triste, adora y confía.



De Cafarnaúm a Jerusalén

Autor: Teodor Suau
Procedencia: Colaborador/a


La vida nos cansa cuando no la vivimos. Cuando la hacemos - o nos la hacemos - lejos de su fuente.
El tedio es lo contrario a la pasión de vivir. Pero mira: Pasión viene de padecer.
El secreto querido/a, para mí, es saber hacer del dolor una oportunidad para saborear de cerca la vida.
No cualquier dolor: aquel que lleva escrito en el cartón nuestro nombre. La soledad. El hambre de libertad.
La responsabilidad de hacer del mundo la casa de todos.El otro, siempre cercano/a, siempre infinitamente distante. Eternamente buscado. Eternamente desconocido.
El misterio del Universo. Granito de arena en la playa; Espacio infinito del cielo donde se pierde la menuda bola azul de nuestro mundo.
El mal omnipresente. Sobre todo, el amor. Y la muerte.
Todo esto es la fuente de nuestro dolor humano.
Puede ser fuente de nuestra pasión por vivir.
Porque todo esto, querido/a, nos remite al origen, a las raíces.
A mí me han abierto al Dios viviente.
Primero como un enigma.
Después como una intuición silenciosa.
Más tarde como un deseo.
Mucho más tarde como el encuentro con alguien a quien tengo que dar un Nombre.




Liberarse

Autor: Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador/a


"¿No existe la liberación social?"

"Y tanto que sí" dijo el Maestro.

"¿Como lo definirías?".

"Es liberarse de la necesidad de pertenecer al rebaño", dijo el Maestro.



Con las gafas de Dios
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: http://personales.mundivia.es/jmgs


Acostumbramos a decirnos muchas cosas negativas...
Dios, sin embargo, nos sorprende en positividad...
Cuando decimos: - ¡Es imposible!
Dios dice: ¡Todo es posible!
Cuando decimos: - ¡Estoy cansado!
Dios dice: - ¡Yo te aliviaré!
Cuando decimos: - Nadie me quiere!
Dios dice: - ¡Yo te quiero!
Cuando decimos: - ¡Ya no puedo continuar así!
Dios dice: - ¡Te basta con mi Gracia!
Cuando decimos: - ¡Estoy confundido!
Dios dice: - ¡Yo te enseñaré el camino!
Cuando decimos: - ¡No puedo más!
Dios dice: - ¡Todo es posible!
Cuando decimos: - ¡He fallado!
Dios dice: - ¡Yo te perdono!
Cuando decimos: - ¡Me siento abandonado!
Dios dice: - ¡Nunca te abandonaré!



Hay que saber callar para oír
Autor: Anthony Bloom
Procedencia: Colaboradora


"Hay que saber callar, para oír; hay que saber mirar a lo lejos antes de creer que uno ha visto.
Hace falta ser al mismo tiempo libre de sí mismo y abandonado a Dios y al objeto de sus contemplaciones. Sólo entonces podremos afrontar la cuestión esencial: ¿qué es aquello que Dios quiere en la realidad que se nos presenta?.

Porque el mundo irreal en que nos movemos sin cesar, lo creamos nosotros a base de imaginaciones, por pereza intelectual, por egoísmo, porque nos creemos ser el centro de las cosas, cuando en realidad ¡somos tan periféricos! En este mundo irreal, Dios no puede nada. No hay ningún mundo de irrealidades donde Dios pueda obrar, pero en el de la realidad es el amo. Y la realidad más fea, la más odiosa, la más infame, la más extraña al Reino, puede llegar a ser Reino, a condición de que le devolvamos su calidad de realidad.

Un espejismo no puede ser transfigurado, uno pecador puede volverse un santo. Esta contemplación no va atada a ningún papel que tengamos asignado en la vida, es simplemente, la búsqueda atenta por la reflexión, por la oración, por el silencio, por la profundización de la visión de las cosas tal y como Dios las ve.

"Se dice que la oración empieza cuando es Dios quien habla".



Contra la intolerancia
Autor/a: Anthony de Mello s.j.
Procedencia: Colaborador/a


"Un día Abraham invitó a un pobre a comer a su casa. Cuando Abraham daba gracias, el invitado empezó a maldecir a Dios y a decir que no soportaba oír hablar de su Santo Nombre.

Encendido de ira, Abraham expulsó al blasfemo de su casa.

Aquella noche, cuando Abraham hacía sus oraciones, Dios le dijo: "Este hombre ha blasfemado de mí y me ha injuriado durante cincuenta años y, no obstante, yo le he dado de comer y de beber cada día. ¿No podías tú soportarlo durante una sola comida?



Noche y día
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a


"Uno rabino hacía a sus alumnos la siguiente pregunta:
- ¿Como podéis distinguir cuándo acaba la noche y empieza el día?
El primer discípulo respondió:
- Cuando en la lejanía puedes distinguir un perro de una oveja.
- No - dijo el rabino.
Otro discípulo aventuró su respuesta:
- Cuando puedes distinguir una palmera de una higuera.
- No - replicó el maestro.
- ¿Cuándo?- preguntaron a coro los discípulos.
- Cuando puedes mirar el rostro de una persona y reconocer en ella a un hermano. Mientras esto no pasa, es todavía de noche en tu corazón.



Vía Crucis de la Deuda externa
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a

I ESTACIÓN: El afán de lucro condena a los pobres a muerte
II ESTACIÓN: La Banca Internacional y nuestros gobiernos corruptos nos endeudaron alegremente
III ESTACIÓN: La deuda se hizo impagable, pues significa la muerte de millones.
IV ESTACIÓN: Las deudas sociales se acumulan sobre las madres.
V ESTACIÓN: El FMI sacrifica al Pueblo con las "medidas" para cobrar la deuda.
VI ESTACIÓN: Los gobiernos le hacen el juego al FMI
VII ESTACIÓN: Devaluaciones y garrotes condenan al Pueblo a pagar la deuda.
VIII ESTACIÓN: Los poderosos condenan al Pueblo a la mendicidad para seguir cobrando la deuda.
IX ESTACIÓN: Si el Pueblo protesta le espera la represión.
X ESTACIÓN: Las privatizaciones nos dejan en la calle, y todo por la deuda.
XI ESTACIÓN: La deuda externa crucifica al Pueblo.
XII ESTACIÓN: Junto con el Pueblo, también la madre Tierra está siendo asesinada.
XIII ESTACIÓN: El Pueblo sigue en la cruz y los señores de la deuda se consideran absolutos.
XIV ESTACIÓN: Con todos nuestros muertos, gritamos: ¡Pagar es morir, queremos vivir!
XV ESTACIÓN: Queremos un Jubileo para vencer la cruz de la deuda.



El don de p
erdonar
Autora: Desconocido/a
Procedencia: El salmista


Que el Señor nos conceda la Gracia de no tener asuntos pendientes.De reconciliarnos con el hermano tan pronto como podamos, para liberar nuestro corazón de las pesadas cadenas del rencor.

Esto te propongo hoy:

Ponte ante el Señor,
y perdona de todo corazón a los que te han ofendido.
Busca en tu recuerdo la causa de tu ira, de tus miedos, de tus perjuicios;
todo aquello que está tan hundido, que hace daño, que da miedo remover.
Sólo podrás ser libre para crecer, para amar, para acoger, para acercarte a Él, cuando aprendas a encontrar, entender y finalmente borrar para siempre jamás todo aquello que te aferra al odio, al rencor, a la tristeza, a la soledad; a menudo, los que amas no tienen la delicadeza de ser tal como tú te los has imaginado.
Perdonar no es una debilidad; es la Gracia de Dios que pasa a través nuestro.
¿Lo probarás?
Nadie te ha dicho que sea fácil, pero por Jesús sabemos QUE VALE LA PENA.



Te hice a ti
Autor/a: Herminio Otero
Procedencia: Colaborador/a

Vi en la calle a una niñita temblando de frío con un vestidito ligero, parecía con poca esperanza de encontrar una comida decente.

Me enfadé y le dije a Dios:

- ¿Por qué permites esto? ¿Por qué no haces algo para remediar esto?

Durante un rato Dios no dijo nada y, esa noche, de pronto, Él respondió:

- Ya hice algo para remediarlo... Te hice a TI.



Mi hermano
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: L'Arc-en-Ciel

Por un camino con una gran pendiente y sumamente pedregoso encontré a una niña que llevaba colgando a la espalda a otro niño.

- Hijita, le dije, llevas una carga muy pesada.

Ella me miró y dijo:

- No es una carga, señor, ¡es mi hermano!

Me quedé admirado. Las palabras de esta niña quedaron grabadas en mi corazón. Y cuando el sufrimiento de los hombres me oprime, hasta abordarme el desánimo, recuerdo las palabras de la pequeña: "No es que traigas una carga, traes a tu hermano".



Testimonio de perdón en un refugio del Salvador

Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a

"Alrededor del altar había ese día varios carteles con los nombres de los
familiares muertos y asesinados.

Querrían haber ido al cementerio a poner flores en sus tumbas. Pero, como no podían ir por estar encerrados en el refugio, pintaron flores alrededor de sus nombres.

Junto a los carteles con los nombres de los familiares, había otro sin flores con esta leyenda: "Nuestros enemigos muertos. Que Dios los perdone y los convierta".

Al terminar la eucaristía preguntamos a un anciano qué significaba ese último cartel, y nos dijo lo siguiente:

- "Estos carteles los hicimos como si fuéramos a poner flores a nuestros difuntos, pues así nos parecía que iban a sentir que estábamos con ellos. Pero, como somos cristianos, ¿sabe?, creímos que también ellos, los enemigos, debían estar en el altar. Son nuestros hermanos, a pesar de que nos matan y asesinan. Ya sabe usted que la Biblia dice: "Es fácil amar a los nuestros, pero Dios nos pide también que amemos a los que nos persiguen".



Uno regalo de verdad

Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a

Hace mucho tiempo... un rey quiso hacer un regalo precioso a un místico musulmán. Eran unas tijeras de oro incrustadas de diamantes y de otras piedras preciosas.

Agradeciéndolo educadamente, el sufí le dijo:

- Vuestro gesto me conmueve, pero siento no poder aceptar vuestro regalo. Las tijeras sirven para cortar, separar, dividir... y toda mi enseñanza y toda mi vida se basan en el acercamiento y la reconciliación, la unión y la reunificación. Ofrecedme si queréis, y para mi alegría una aguja, una sencilla aguja para unir cosas parecidas y también cosas diversas.



La liebre y el tigre
Autor/a: Piera de Napolitano.
Procedència: Ricardo Ceballos


¡Qué gran decepción tenía el joven de esta historia!.

Su amargura absoluta era por la forma tan inhumana en que se comportaban todas las personas: al parecer, ya nadie le importaba a nadie.

Un día dando un paseo por el monte, vio sorprendido que una pequeña liebre le llevaba comida a un enorme tigre malherido, que no podía moverse. Le impresionó tanto este hecho, que regresó al día siguiente para ver si el comportamiento de la liebre era casual o habitual. Con enorme sorpresa pudo comprobar que la escena se repetía: la liebre dejaba un buen trozo de carne cerca del tigre. Pasaron los días y la escena se repitió de un modo idéntico, hasta que el tigre recuperó las fuerzas y pudo buscar la comida por su propia cuenta.


Admirado por la solidaridad y cooperación entre los animales, se dijo: "no todo está perdido. Si los animales, que son inferiores a nosotros, son capaces de ayudarse de este modo, mucho más lo haremos las personas". Y decidió hacer la experiencia: Se tiró al suelo, simulando que estaba herido, y se puso a esperar que pasara alguien y le ayudara. Pasaron las horas, llegó la noche y nadie se acercó en su ayuda. Lo intentó de nuevo al día siguiente, y ya se iba a levantar, mucho más decepcionado que cuando comenzamos a leer esta historia, con la convicción de que la humanidad no tenía el menor remedio. Sintió dentro de sí todo el desespero del hambriento, la soledad del enfermo, la tristeza del abandonado. Su corazón estaba tan deprimido que casi no sentía deseos de levantarse. Entonces allí, en ese instante, lo oyó... ¡Con qué claridad, qué hermoso!, una hermosa voz, muy dentro de él le dijo:

- Si quieres encontrar a tus semejantes, si quieres sentir que todo ha valido la pena, si quieres seguir creyendo en la humanidad, para encontrar a tus semejantes como hermanos, deja de hacer de tigre y simplemente sé la liebre.