CUENTOS Y VIVENCIAS 14


01.- Flexibilidad - 02.-La fórmula - 03.-Gritar para quedar a salvo - 04.- La casa de Dios - 05.- Actitudes - 06.- Amor entre pájaros - 07.- Anticreación - 08.- Burros, más que burros - 09.- El Chino loco - 10.- La hoja blanca - 11.- ... Y andar juntos - 12.- El perro y el reflejo - 13.- No hay excusas - 14.- La forma de pensar - 15.- Acción desinteresada - 16.- Adorar al verdadero Dios - 17.- El canto del jilguero - 18.- Lógica del borracho - 19.- Sueños semilla - 20.- Un lugar en el bosque - 21.- Un estudio sobre el pasado - 22.- Lo mejor y peor del pasado - 23.- Qué se hace de la luna llena - 24.- La cacería - 25.- Una vela



Flexibilidad
Autor:
Bruno Ferrero
Procedencia: Colaborador

El discípulo fue a visitar al maestro en el lecho de muerte.
- Déjame en herencia un poco de tu sabiduría - le pidió.
El sabio abrió la boca y pidió al joven que se la mirara por dentro y dijo:
- ¿Tengo lengua?
- Seguro - respondió el discípulo.
- ¿Y los dientes, tengo aún dientes?
- No - replicó el discípulo -. No veo los dientes.
- ¿Y sabes por qué la lengua dura más que los dientes? Porque es flexible. Los dientes, en cambio, se caen antes porque son duros e inflexibles. Así que acabas de aprender lo único que vale la pena aprender.







La fórmula
Autor:
Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador. "El canto del pájaro", pág. 46



El místico regresó del desierto. "Cuéntanos", le dijeron con avidez, "¿cómo es Dios?".
Pero ¿cómo podría él expresar con palabras lo que había experimentado en lo más profundo de su corazón? ¿Acaso se puede expresar la Verdad con palabras?
Por fin les confió una fórmula (inexacta, eso sí, e insuficiente), con la esperanza de que alguno de ellos pudiera, a través de ella, experimentar por sí mismo lo que él había experimentado.
Ellos aprendieron la fórmula y la convirtieron en un texto sagrado. Y se la impusieron a todos como si se tratara de un dogma. Incluso se tomaron el esfuerzo de difundirla en países extranjeros. Y algunos llegaron a dar su vida por ella.
Y el místico quedó triste. Tal vez habría sido mejor que no hubiera dicho nada.









Gritar para quedar a salvo
Autor:
Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador. "El canto del pájaro"


Una vez llegó un profeta a una ciudad con el fin de convertir a sus habitantes. Al principio la gente le escuchaba cuando hablaba, pero poco a poco se fueron apartando, hasta que no hubo nadie que escuchara las palabras del profeta.
Cierto día, un viajero le dijo al profeta:
- ¿Por qué sigues predicando? ¿No ves que tu misión es imposible?
Y el profeta respondió:
- Al principio tenía la esperanza de poder cambiarlos. Pero si ahora sigo gritando es únicamente para que no me cambien ellos a mí.





La casa de Dios
Autor: Adaptación de J. Real Navarro
Procedencia: Colaborador/a


Un joven se puso a buscar la casa donde vivía Dios. La buscó por todas partes, por los sitios más recónditos y apartados. Interrogaba a todos y a todo lo que se cruzaba en su camino. Cuando preguntaba a los pájaros, éstos le respondían con sus mejores cantos. Si lo hacía a las flores del campo, contestaban lanzando su fragancia a los vientos. Si les preguntaba a los animales, éstos daban brincos y saltos de alegría. Incluso llegó a preguntarle al mar, quien le respondió con una suave brisa marina. No había duda de que conocían Dios, pero no encontraba su casa para poder estar con él.
Preguntó a los hombres y mujeres que encontró por el camino y le hablaron maravillas sobre Él. Pero de su casa, nada. Hasta que preguntó a un hombre que le respondió lo siguiente:
— Si quieres encontrar su casa, vente conmigo y la descubrirás.
Aquel hombre le llevó hasta una aldea cercana, donde el hambre amenazaba a todos sus habitantes. El hombre le dijo que se desprendiera de todo lo que tuviera de comer y de valor y lo compartiera con aquellas gentes. El joven, contrariado, le dijo:
— ¿Y eso qué tiene que ver con encontrar a Dios? Si les doy todo lo que tengo me quedaré sin nada.
Y aquel hombre le respondió:
— Cuando tu corazón esté desapegado de todo, y no te importe quedarte sin nada, descubrirás dónde vive Dios.
El joven comenzó a compartir todo lo que tenía con aquellos necesitados, y mientras lo hacía, comenzó a sentirse bien, más lleno que nunca. Empezó a entender por qué brincaban los animales o las flores lanzaban al viento su aroma: todos hablaban maravillas de Dios. La casa de Dios estaba dentro de su corazón. Lo que buscaba por fuera lo tenía dentro. Ahora se había creado el espacio suficiente para que Dios pudiera vivir en su interior.






Actitudes
Autor: Antohny de Mello
Procedencia: Colaborador/a. La oración de la rana. 2


Dice una antigua leyenda que, cuando Dios estaba creando el mundo, se le acercaron cuatro ángeles, y uno de ellos le preguntó: “Qué estás haciendo?”;
el segundo le preguntó: “¿Por qué lo haces?”;
el tercero: “¿Puedo ayudarte?”;
y el cuarto: “¿Cuánto vale todo esto?”
El primero era un científico, el segundo un filósofo, el tercero un altruista, el cuarto un agente inmobiliario.

Un quinto ángel se dedicaba a observar y a aplaudir con entusiasmo. Era un místico.





Amor entre pájaros
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a


El pájaro manso vivía en la jaula y el pájaro libre en el bosque.
Mas su destino era encontrarse, y había llegado la hora.
El pájaro libre cantaba: “Amor, volemos al bosque”.
El pájaro preso decía bajito: “Ven tú aquí, vivamos los dos en la jaula”.
Decía el pájaro libre: “Entre rejas no pueden abrirse las alas”.
- Ay, decía el pájaro preso, ¿sabré yo posarme en el cielo?
El pájaro libre cantaba: “Amor mío, pía canciones del campo”.
El pájaro preso decía: “quédate a mi lado, te enseñaré la canción de los sabios”.
El pájaro libre cantaba: “No, no, nadie puede enseñar las canciones”.
El pájaro preso decía: “Ay, yo no sé las canciones del campo”.
Su amor es un anhelo infinito, mas no pueden volar ala con ala. Se miran y se miran a través de los hierros de la jaula, pero es en vano su deseo. Y aletean nostálgicos y cantan: “Acércate más, acércate más”.
El pájaro libre grita: “¡No puedo! ¡No puedo! ¡Qué miedo me da tu jaula cerrada!”
El pájaro preso canta bajito: “¡Ay!, no puedo. ¡Mis alas se han muerto!


 



Anticreación
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a


Al fin, el hombre destruyó el cielo y la tierra.
La tierra era bella y fértil,
la luz brillaba en las montañas y los mares,
y el espíritu de Dios llenaba el universo.
Y el hombre dijo:
“Posea yo todo el poder
en el cielo y en la tierra”.
Y vio que el poder era bueno
y llamó “grandes jefes”
a quienes detentaban el poder,
y dio el nombre de débiles
a los que buscaban la reconciliación.
Así fue el sexto día antes del fin.

Y el hombre dijo:
“Haya una gran división entre los pueblos:
y pónganse a un lado
las naciones que están por mí
y al otro lado las que están contra mí”.
Y hubo buenos y malos.
Así fue el día quinto antes del fin.

Y el hombre dijo:
“Juntemos nuestras fortunas en un lugar
y creemos instrumentos para defendernos:
la radio y la televisión
para controlar los espíritus de los hombres,
la movilización y el registro
para controlar los cuerpos de los hombres,
los uniformes para dominar
las almas de los hombres”.
Y así fue. El mundo quedó dividido
en dos bloques en guerra.
El hombre vio que tenía que ser así.
Así fue el cuarto día antes del fin.

Y el hombre dijo: “Haya censura
para distinguir
nuestra verdad de la de los demás”.
Y fue así:
el hombre creó dos grandes instituciones:
una para ocultar la verdad en el extranjero.
Y otra,
para defenderse de la verdad dentro de casa.
El hombre lo vio y lo encontró normal.
Así fue el tercer día antes del fin.

Y el hombre dijo:
“Fabriquemos armas que puedan destruir
a distancia ingentes multitudes”.
De este modo perfeccionó
la guerra bacteriológica,
perfeccionó los arsenales
de muerte submarinos,
los proyectiles teledirigidos.
El hombre lo vio y se enorgulleció.
Entonces los bendijo, diciéndoles:
“Sed numerosos y grandes sobre la tierra,
llenad las aguas del mar
y los espacios celestes, multiplicaos”.
Así fue el día segundo antes del fin.
Y el hombre dijo: “Hagamos a Dios
a nuestra imagen y semejanza,
digamos que Dios
obra como nosotros obramos,
que piensa como nosotros pensamos,
que quiere lo que nosotros queremos,
que mata como nosotros matamos”.
El hombre creó un Dios a su medida.
Y lo bendijo diciendo:
“Muéstrate a nosotros
y pon la tierra a nuestros pies:
no te faltará nada, si haces nuestra voluntad”
Y así fue:
el hombre vio todo lo que había hecho
y estaba muy satisfecho de todo ello.
Así fue el día antes del fin.

De pronto se produjo un gran terremoto
en toda la superficie de la tierra,
y el hombre
y todo lo que había hecho, dejaron de existir.
Así acabó el hombre
con el cielo y con la tierra.
La tierra volvió a ser
un mundo vacío y sin orden;
toda la superficie del océano
se cubrió de oscuridad
y el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas.






Burros, más que burros
Autor: Alfonso Francia
Procedencia: Colaborador/a
. “Historias de la vida”


Dos burros estaban atados entre sí. A uno y otro lado, a cinco metros aproximadamente, su dueño había puesto dos montones de verde y rica alfalfa. Torpes, como burros que eran, acuciados por el hambre, se empeñaron en comer cada uno del montón que tenían más cerca. Tantas eran las ansias por comer, tanto el esfuerzo al tirar cada uno por su lado, tanta la obcecación y la cabezonería y tanto su egoísmo, que se agotaron sin probar bocado. A punto estuvieron, cada uno por su lado, de tocar con su hocico la hierba de enfrente pero no lo lograron. Eso aumentó más su sufrimiento, su angustia y su esfuerzo inútil.
Pasaron así una hora, hasta que, extenuados por el hambre, el trabajo y la rabia, cayeron al suelo a dos dedos (¡a dos dedos tan sólo!) de la alfalfa.
Dos vacas que pasaban por allí, en maravillosa camaradería, se pararon y, con parsimonia inteligente, liquidaron uno de los montones y, después, con idéntico entendimiento, acabaron con el segundo.


 




El Chino Loco
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a


Érase que se era un chino, padre honrado de familia y trabajador de un pequeño campo, por las regiones del norte del país. Su casita estaba situada en un paraje maravilloso entre verdes praderas y arroyos de agua limpísima. Pero, ¡oh desgracia!, la enorme mole de una montaña hacía sombra continuamente a la casa, de manera que, ni en verano ni en invierno, podía entrar por las ventanas ni un rayo de sol...
- ¡Qué casa más oscura! - decían las personas que venían a visitar al buen chino.
- ¡Qué casa más triste! - repetía cada día el chino cuando, al levantarse y abrir la ventana, se encontraba ante las narices aquella montaña inmensa que le ocultaba el sol...
Pero, ¿qué hacer? Una de dos: o cambiar la casa de sitio, o cambiar de sitio la montaña...
El chino lo pensó bien y se decidió por esto último. ¡Sí! trasladaría aquella gigantesca mole de piedra a otro lugar...
Pero... ¿cómo?
Paletada a paletada. Espuerta a espuerta...
Así se lo comunicó a sus hijos.
- “Hijos míos - les dijo -, esta casa, que yo heredé de mi padre y él de mi abuelo, es muy triste. Yo quiero dejaros a vosotros una casa más alegre. Por eso he decidido que, desde mañana, saldremos al campo con pico y pala e iremos demoliendo lentamente la montaña y trasladando su tierra a otra parte...”
Los hijos no se asustaron del trabajo que el padre les presentaba y dijeron que sí. Y al día siguiente, comenzaron su trabajo.
Pero los habitantes de las fincas vecinas, al enterarse, se echaron a reír:
- ¡Están locos! - decían - ¿Quién puede contra la montaña? ¡No conseguirán nada...!”
Y todos los días venían a comprobar si la montaña desaparecía. Pero la montaña seguía impasible en el mismo sitio, pues solamente habían conseguido arrancarle unas pocas espuertas de tierra...
Pero el chino tenaz se dirigió a sus vecinos:
- Ya sé que las montañas son muy grandes. Pero... ¡no crecerán más! Cada paletada que les arranquemos, no la repondrán jamás. Yo me moriré, es cierto, sin ver desaparecer la montaña; pero mis hijos continuarán la tarea; y, cuando ellos mueran, la continuarán mis nietos... Y algún día, no sé cuándo, la montaña habrá desaparecido y el sol podrá entrar en nuestra casita. ¿No es mejor hacer algo, aunque sea poco cada día, que lamentarse todos los días sin hacer nada?

 




La hoja blanca

Autor/a: Kahlil Gibrán
Procedencia: Colaborador/a


Dijo un día una hoja blanca de papel: Me he formado blanca, nítida, inmaculada y pura, y así seré hasta la eternidad. Prefiero quemarme y volverme ceniza blanca antes de permitir que me mancille la negrura y me manche la suciedad”.
Un tintero oyó aquellas razones y sintió lastima en su negro corazón, pero no se atrevió a tocar aquella hoja blanca de papel.
La oyeron también las plumas, los bolígrafos, los lápices, los pinceles... y tampoco la tocaron. Y así permaneció la hoja de papel blanca, nítida, cual la nieve... pero vacía.





...Y andar juntos

Autor: Joaquim Guimerà
Procedencia: Colaborador/a

No busques en el horizonte los caminos ya hechos, ¡No están!

El camino, tu camino lo encontrarás, sin saberlo, andando.

No busques la seguridad del árbol con las raíces inamovibles bajo la tierra. Tu seguridad es precisamente el andar.

Busca, eso sí, a los amigos, que como tú, continúan buscando.

Y hacer camino juntos...
...Cortar las hierbas.
...Respirar muy a fondo.
...Levantar la mirada.
...Escuchar a los pájaros.

Y andar juntos años y años hasta la puesta definitiva del sol.







El perro y el reflejo en el río
Autor: Esopo
Procedencia: Colaborador/a


Vadeaba un perro un río llevando en su hocico un pedazo de carne. Vio su reflejo en el agua del río y creyó que era otro perro que llevaba un trozo de carne mayor. Y deseando más el ajeno, soltó el suyo para arrebatar el trozo al que creía su compañero. Pero el resultado fue que se quedó sin el propio y sin el ajeno: éste porque no existía, y el otro porque se lo llevó la corriente.

Al codiciar el bien ajeno,
se puede perder lo que ya se ha adquirido con el esfuerzo.



 


No hay excusas
Autor: Jacques Loew
Procedencia: Colaborador/a


Un discípulo fue en busca del rabino Nahman, de Braslaw:
- No continuaré mis estudios de los textos sagrados. -dijo- Vivo en una pequeña casa con mis padres y hermanos y nunca encuentro las condiciones ideales para concentrarme en lo que es importante.
Nahman señaló al sol y pidió a su discípulo que pusiera la mano frente a su cara, de manera que quedara oculto. Y así lo hizo éste.
- Tu mano es pequeña y, sin embargo, ha conseguido cubrir totalmente la fuerza, la luz y la majestad del inmenso sol. De la misma manera, los pequeños problemas consiguen darte la disculpa necesaria para no seguir adelante en tu búsqueda espiritual. Así como la mano tiene el poder de esconder el sol, la mediocridad tiene el poder de esconder la luz interior. No culpes a los otros por tu propia incompetencia.
No hay excusas suficientes para no crecer.






La forma de pensar
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a


A un discípulo que se lamentaba de sus limitaciones le dijo el maestro:
- Naturalmente que eres limitado. Pero ¿no has caído en la cuenta de que hoy puedes hacer cosas que hace quince años te habrían sido imposibles? ¿Qué es lo que ha cambiado?
- Han cambiado mis talentos.
- No. Has cambiado tú.
- ¿Y no es lo mismo?
- No. Tú eres lo que tú piensas que eres. Cuando cambia tu forma de pensar, cambias tú.

Por lamentar lo que hoy no tenemos, no nos permitimos ver la maravillosa vida que llevamos.






Acción desinteresada
Autor: Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador/a. "Un minuto para el absurdo"


“Lo que más me deprime es la absoluta vulgaridad de mi existencia. Jamás en la vida he hecho nada tan importante como para merecer la atención del mundo”.
“Te equivocas si piensas que es la atención del mundo lo que hace que una acción sea importante”, dijo el Maestro.
Siguió una larga pausa.
“Bueno, pero es que tampoco he hecho nada que haya influido en alguien, ni para bien ni para mal...”
“Te equivocas si piensas que es el influir en los demás lo que hace que una acción sea importante”, volvió a decir el Maestro.
“Pero, entonces, ¿qué es lo que hace que una acción sea importante?”
“El realizarla por sí misma y poniendo en ello todo el propio ser. Entonces resulta ser una acción desinteresada, semejante a la actividad de Dios”.

 


 



Adorar al verdadero Dios
Anónimo judío
Procedencia: Colaborador/a

El maestro preguntó al discípulo:
- ¿Por qué no adoras a los ídolos?
El discípulo respondió:
- Porque el fuego los quema.
- Entonces adora al fuego.
- En todo caso adoraría al agua, capaz de apagar al fuego.
- Adora entonces al agua.
- En todo caso adoraría a las nubes, capaces de crear la lluvia.
- Adora a las nubes.
- No, porque el viento es más fuerte que ellas.
- Entonces adora al viento que sopla.
- Si tuviera que adorar al viento, adoraría al hombre que tiene poder de soplar.
- Adora entonces al hombre.
- No, porque muere.
- Adora la muerte.
- Lo único digno de adorarse es el Dueño de la vida y de la muerte.
El maestro alabó la sabiduría del discípulo.




El canto del jilguero
Leyenda guaraní
Procedencia: Colaborador/a

Un indio oyó en la selva el canto de un jilguero. Nunca había oído una melodía igual. Quedó enamorado de su belleza y salió a la búsqueda del pájaro cantor. Encontró a un gorrión. Le preguntó: “¿Eres tú el que canta tan bien?”. El gorrión contestó: - Claro que sí. - A ver, que te oiga yo. El gorrión cantó, y el indio se marchó. No era ese el canto que había oído.
El indio siguió buscando. Preguntó a una perdiz, a un loro, a un águila, a un pavo real. Todos le dijeron que sí, que eran ellos, pero no era su voz la que él había oído. Y siguió buscando. En sus oídos resonaba aquel canto único, distinto, ensoñador, y no podía confundirse con ningún otro. Siguió buscando, y un día, a lo lejos, volvió a escuchar la melodía que había escuchado una vez y que desde entonces llevaba en el alma. Se paró silencioso. Sintió la dirección y midió la distancia con sus sentidos alerta. Se acercó sigiloso como un indio sabe andar en la selva sin que sus pies se enteren. Y allí lo vio. No necesitó preguntarle. Lo supo desde la primera nota, sació su mirada con la silueta del pájaro cantor, y volvió feliz a su aldea. Ya sabía cuál era el pájaro de sus sueños.
La voz del Espíritu es inconfundible en el alma. Nos quedó grabada desde que nuestro cuerpo fue cuerpo y nuestra alma fue alma. Y vamos por el mundo preguntando ignorantes: - ¿Eres tú?.
Mientras preguntamos no sabemos. Cuando se oye, ya no se pregunta. Dios se revela por sí mismo, y sabemos que está ahí con fe inconfundible. Que no se nos borre nunca el canto del jilguero.









Lógica del borracho
Autor: Jorge Bucay
Procedencia: Colaborador/a. "Cuentos para pensar"

Un tipo llega a un bar, se sienta en la barra y pide cinco vasos de güisqui.
- ¿A la vez? - pregunta el camarero
- Sí, los cinco - contesta el cliente, solos, sin hielo.
- El camarero le sirve y el cliente se los bebe uno detrás de otro
- Camarero - dice. Ahora sírvame cuatro vasos de güisqui, sin hielo.
Mientras el hombre le sirve, empieza a ver en el cliente una sonrisa estúpida. Después de beberse seguidos los cuatro vasos, trata de sostenerse y mientras se apoya en la barra exclama: ¡Muchacho! Tráeme tres vasos más de güisqui. Se ríe un poco y añade: - Sin hielo.
El camarero obedece y el cliente se los vuelve a beber rápidamente.
Ahora no sólo la sonrisa es estúpida, la mirada también.
- ¡Amigo! - dice ahora en voz muy alta. Ponme dos vasos de lo mismo.
Se los bebe y grita dirigiéndose una vez más al camarero: ¡Hermano! Tú eres como un hermano para mí.
Ríe a carcajadas y añade: Sírveme una copa más de güisqui, sin hielo. Pero sólo una ¿ehhhh?... Solamente una...
El del bar se la sirve.
El tipo se bebe la solitaria copa de un solo trago y, debido a un mareo irresistible, cae al suelo total y definitivamente ebrio.
Desde el suelo le dice al camarero: - Mi médico no me quiere creer, pero tú eres testigo. ¡Cuanto menos bebo, peor me sienta!




 



Sueños semilla
Autor: Bucay, Jorge
Procedencia: Colaborador/a. “Cuentos para pensar”

En el silencio de mi reflexión
percibo todo mi mundo interno
como si fuera una semilla,
de alguna manera pequeña e insignificante
pero también pletórica de posibilidades.

Y veo en sus entrañas
el germen de un árbol magnífico,
el árbol de mi propia vida
en proceso de desarrollo.

En su pequeñez, cada semilla contiene
el espíritu del árbol que será después.

Cada semilla sabe cómo transformarse en árbol,
cayendo en tierra fértil,
absorbiendo los jugos que la alimentan,
expandiendo las ramas y el follaje,
llenándose de flores y frutos
para poder dar lo que tienen que dar.

Cada semilla sabe
cómo llegar a ser árbol.
Y tantas son las semillas
como los sueños secretos.

Dentro de nosotros, innumerables sueños
esperan el momento de germinar,
echar raíces y darse luz,
morir como semillas
para convertirse en árboles.

Árboles magníficos y orgullosos,
que a su vez nos digan, en su solidez,
que oigamos nuestra voz interior;
que escuchemos
la sabiduría de nuestros sueños semilla.

Ellos, los sueños, indican el camino
con símbolos y señales de toda clase,
en cada lecho, en cada momento,
entre las cosas y entre las personas,
en los dolores y en los placeres,
en los triunfos y en los fracasos.
Lo soñado nos enseña, dormidos o despiertos,
a vernos,
a escucharnos,
a darnos cuenta.
Nos muestra el rumbo en presentimientos huidizos
o en relámpagos de lucidez cegadora.

Y así crecemos,
nos desarrollamos, evolucionamos.

Y, un día, mientras transitamos
este eterno presente que llamanos vida,
las semillas de nuestros sueños
se transforman en árboles,
y desplegarán sus ramas
que, como las gigantescas,
cruzarán el cielo, uniendo en un solo trazo
nuestro pasado y nuestro futuro.

Nada hay que temer.
Una sabiduría interior las acompaña
porque cada semilla sabe
cómo llegar a ser árbol.

 




Un lugar en el bosque
Autor: Jorge Bucay
Procedencia: Colaborador/a. “Cuentos para pensar”


Esta historia nos habla de un famoso rabino jasídico: Baal Shem Tov.

Baal Shem Tov era muy conocido dentro de su comunidad porque todos decían que era un hombre tan piadoso, tan bondadoso, tan casto y tan puro que Dios escuchaba sus palabras cuando él hablaba.
Se había creado una tradición en aquel pueblo: Todos los que tenían un deseo insatisfecho o necesitaban algo que no habían podido conseguir, iban a ver al rabino.
Baal Shem Tov se reunía con ellos una vez al año, en un día especial que él elegía. Y los llevaba a todos juntos a un lugar único que él conocía, en medio del bosque.
Y, una vez allí, cuenta la leyenda, Baal Shem Tov encendía con ramas y hojas un fuego de una manera muy peculiar y muy hermosa, y entonaba después una oración en voz muy baja, como si fuera para sí mismo.

Y dicen...


Que a Dios le gustaban tanto aquellas palabras que Baal Shem Tov, se fascinaba tanto con el fuego encendido de aquella manera, amaba tanto aquella reunión de gente en aquel lugar del bosque, que no podía resistirse a la petición de Baal Shem Tov y concedía los deseos de todas las personas que allí estaban.
Cuando el rabino murió, la gente se dio cuenta de que nadie conocía las palabras que Baal Shem Tov decía cuando iban todos juntos a pedir algo.
Pero conocían el lugar del bosque y sabían cómo encender el fuego.
Una vez al año, siguiendo la tradición que Baal Shem Tov había instituido, todos los que tenían necesidades y deseos insatisfechos se reunían en aquel mismo lugar del bosque, prendían el fuego de la manera que habían aprendido del viejo rabino y, como no conocían sus palabras, cantaban cualquier canción o recitaban un salmo, o sólo se miraban y hablaban de cualquier cosa en aquel mismo lugar alrededor del fuego.


Y dicen...


Que a Dios le gustaban tanto el fuego encendido, le gustaba tanto aquel lugar en el bosque y aquella gente reunida, que aunque nadie decía las palabras adecuadas, igualmente concedía los deseos a todos los que allí estaban.

El tiempo ha pasado y, de generación en generación, la sabiduría se ha ido perdiendo.
Y aquí estamos nosotros.
Nosotros no sabemos cuál es el lugar del bosque.
No sabemos cuáles son las palabras.
Ni siquiera sabemos cómo encender el fuego como la hacía Baal Shem Tov

Sin embargo, hay algo que sí sabemos.
Sabemos esta historia
Sabemos este cuento.


Y dicen...


Que Dios adora tanto este cuento,
que le gusta tanto esta historia,
que basta que alguien la cuente
y que alguien la escuche
para que Él, complacido,
satisfaga cualquier necesidad
y conceda cualquier deseo
a todos los que están compartiendo este momento.

Así sea.








Un estudio sobre los personajes del pasado
Recopilación y comentario de Joan Aragonés
Procedencia: Humor i saviesa orientals.(Ed. Claret)

A Nasreddín le encargaron un estudio sobre los grandes personajes del pasado. El día convenido presentó un informe con una sola palabra: << zanahoria>>.
- ¿Qué quieres decir con esto?
- Muy sencillo: en estos grandes hombres del pasado, como en la zanahoria, la mayor parte está enterrada. Por las hojas verdes que se ven, no se puede adivinar la parte anaranjada de debajo, que es la mejor. Hace falta que sea cultivada. Y, sobre todo, va asociada a una gran cantidad de asnos.


El pasado es sólo un prólogo



Lo mejor y lo peor del mercado
Recopilación y comentario de Joan Aragonés
Procedencia: Humor i saviesa orientals.(Ed. Claret)

Un rabino envió a su criado al mercado a comprar lo mejor que encontrara.
Y el criado trajo una lengua.
Al día siguiente le mandó comprar la cosa más mala que estuviera a la venta.
Y nuevamente le trajo una lengua.

Es una desgracia no tener habilidad para hablar bien ni cordura para callar




¿Qué se hace de la luna llena?
Recopilación y comentario de Joan Aragonés
Procedencia: Humor i saviesa orientals.(Ed. Claret)

- ¿Qué se hace de la luna llena, cuando llega la nueva?
- La hacen trozos, que se convierten en cometas, contesta Nasreddín

Las cometas no tienen vergüenza de parecer luciérnagas



La cacería ha ido muy bien
Recopilación y comentario de Joan Aragonés
Procedencia: Humor i saviesa orientals.(Ed. Claret)

De vuelta de la cacería del oso, preguntan a Nasreddín.
- ¿Como ha ido la cacería?
- Muy bien
- ¿Cuántos osos has cazado?
- Ninguno
- ¿Cuántos has perseguido?
- Ninguno
- ¿Cuántos has visto?
- Ninguno
- ¿Cómo puedes decir, pues, que la cacería ha ido muy bien?
- Mira, tratándose de osos, ninguno es la mejor cantidad.


Hay quien ve una oportunidad en cualquiera calamidad,
y hay quien ve una calamidad en cualquiera oportunidad






Una vela

Recopilación y comentario de Joan Aragonés
Procedencia: Humor i saviesa orientals.(Ed. Claret)

Nasreddín y sus amigos hicieron una apuesta. Si era capaz de pasarse una noche de invierno en medio de la plaza del pueblo sin ningún tipo de calefacción, le pagarían una cena. De lo contrario, seria él quien les invitaría a todos.
Nasreddín cumplió las condiciones, pero, durante la noche tuvo al lado una vela encendida para no quedarse a oscuras.
- Has perdido -le dijeron- porque te has calentado con una vela.
- Por más que él lo creyera injusto, se vio obligado a pagar la cena.
Llegado el día les dijo:
- Esperad un momento que acabe de hervir la olla
Como que la sopa no llegaba, fueron a la cocina y se encontraron una gran olla encima de una pequeña vela.
- ¿Cómo puedes hacer hervir una olla con una vela?
- Del mismo modo que con una vela se puede calentar un hombre.

Cuando el propio interés entra por la puerta de delante, la cordura sale por la puerta de atrás