CUENTOS Y VIVENCIAS 17


01.-Parte del regalo - 02.-El águila y el escarabajo - 03.-El quirquicho músico - 04.-El triunfo - 05.- Los dos burritos - 06.-El elefante y la alondra - 07.-Acoger el Espíritu y sus dones - 08.-El vendedor de baratijas - 09.-Sé tú mismo - 10.-Todo pasa - 11.-Tres pipas - 12.-Volar sobre el pantano - 13.- Basta una cebolla - 14.-Subir una escalera - 15.-Del libro de la vida y de la muerte - 16.-La felicidad - 17.-El campo de minas - 18.-¿Esperas? - 19.-El nacimiento del sol - 20.-El sistema capitalista - 21.-Carta al hijo informático - 22.-Estrellas y cometas - 23.-Hay cosas que no se entienden - 24.-Dieciocho signos inequívocos - 25.-Educar



Parte del regalo
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a

Dicen que una vez una niña en África le dio a su maestra un regalo de cumpleaños. Era un hermoso caracol. "¿Dónde lo encontraste?", preguntó la maestra. La niña le dijo que esos caracoles se hallan solamente en cierta playa lejana. La maestra se conmovió profundamente porque sabía que la niña había caminado muchos kilómetros para buscar el caracol. "No debiste haber ido tan lejos sólo para buscarme un regalo", comentó. La niña sonrió y contestó: "Maestra, la larga caminata es parte del regalo".


 


El águila y el escarabajo
Autor/a Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a

Estaba una liebre siendo perseguida por un águila, y viéndose perdida pidió ayuda a un escarabajo, suplicándole que la salvara.
El escarabajo pidió al águila que perdonara a su amiga liebre. Pero el águila, despreciando la insignificancia del escarabajo, devoró a la liebre en su presencia.
Desde entonces, buscando vengarse, el escarabajo observaba los lugares donde el águila ponía sus huevos, y haciéndolos rodar, los tiraba al suelo. Viéndose el águila siempre acechada, recurrió a Zeus pidiéndole un lugar seguro para depositar sus futuros pequeñuelos.
Zeus le ofreció colocarlos en su regazo. El escarabajo, viendo la táctica escapatoria del aguila, hizo una bolita de barro, voló y la dejó caer sobre el regazo de Zeus.
Se levantó entonces Zeus para sacudirse aquella suciedad, y tiró por tierra los huevos sin darse cuenta.
Por eso desde entonces, las águilas no ponen huevos en la época en que salen a volar los escarabajos.

Nunca desprecies lo que parece insignificante, pues no hay ser tan débil que no pueda alcanzarte




El quirquincho músico
Leyenda boliviana
Procedencia: Colaborador/a


Aquel quirquincho viejo, nacido en un arenal de Oruro, acostumbraba pasarse horas y horas echado junto a una grieta de la peña donde el viento cantaba eternamente. El animalito tenía una afición musical innegable. ¡Cómo se deleitaba cuando oía cantar a las ranas en las noches de lluvia! Los pequeños ojos se le ponían húmedos de emoción y se acercaba, arrastrando su caparazón, hasta el charco, donde las verdes cantantes ofrecían su concierto.
- ¡Oh, si yo pudiera cantar así, sería el animal más feliz del altiplano! - exclamaba el quirquincho, mientras las escuchaba extasiado.
Las ranas no se conmovían por la devota admiración que les tenía el quirquincho sino que, más bien, se burlaban de él.
- Aunque nos vengas a escuchar todas las noches hasta el fin de tu vida, jamás aprenderás nuestro canto, porque eres muy tonto.
El pobre quirquincho, que era humilde y resignado, no se ofendía por tales palabras, dichas en un lenguaje tan musical, como suele ser el de las ranas. Él sólo se deleitaba con la armonía de la voz y no comprendía el insulto que ella encerraba.
Un día creyó enloquecer de alegría, cuando unos canarios pasaron cantando en una jaula que conducía un hombre. ¡Qué deliciosos sonidos! Aquellos pajaritos amarillos y luminosos, como caídos del Sol, lo conmovieron hasta lo más hondo... Sin que el hombre se diera cuenta, lo siguió, arrastrándose por la arena, durante leguas y leguas.
Las ranas que habían escuchado, embelesadas, el canto, salieron a la orilla de la laguna y vieron pasar a los divinos prisioneros que revoloteaban en las jaulas.
- Estos cantores son de nuestra familia, pues los canarios son sólo sapos con alas -dijeron las muy vanidosas y agregaron- : pero nosotras cantamos mucho mejor. -Y reanudaron su concierto interrumpido.
- ¡Chist... Esperad! - dijo una de ellas - Mirad al tonto del quirquincho. Se va tras las jaulas. Ahora pensará aprender a trinar como un canario... ja... ja... ja...
El quirquincho siguió corriendo y corriendo tras el hombre de las jaulas, hasta que las patitas se le iban acabando, de tanto rasparlas en la arena.
- ¡Qué desgracia! ¡No puedo caminar más y los músicos se van! -Allí se quedó tirado hasta que el último trino mágico se perdió a lo lejos... Ya era de noche cuando regresaba a su casa. Y al pasar cerca de la choza de Sebastián Mamani, el hechicero, tuvo la idea de visitarlo, para hacerle un extraño pedido.
- Compadre, tú que todo lo puedes, enséñame a cantar como los canarios -le dijo llorando.
Cualquier persona que no fuera el hechicero se hubiera reído a carcajadas del quirquincho, pero Sebastián Mamani puso la cara seria y repuso:
- Yo puedo enseñarte a cantar mejor que los canarios, que las ranas y que los grillos, pero tienes que pagar la enseñanza... con tu vida.
- Acepto todo, pero enséñame a cantar.
- Convenido. Cantarás desde mañana, pero esta noche perderás la vida.
- ¡Cómo!... ¿Cantaré después de muerto?
- Así es.
Al día siguiente, el quirquincho amaneció cantando, con voz maravillosa, en las manos del mago. Cuando éste pasaba, poco más tarde, por el charco de las ranas, se quedaron mudas de asombro.
- ¡Vengan todas! ¡Qué milagro! ¡El quirquincho aprendió a cantar!...
- ¡Canta mejor que nosotras!...
- ¡Y mejor que los pájaros!...
- ¡Y mejor que los grillos!...
- ¡Es el mejor del mundo!...
Y, muertas de envidia, siguieron a saltos tras del quirquincho que, convertido en charango se desgranaba en sonidos musicales. Lo que ellas ignoraban era que nuestro pobre amigo, como todo gran artista, había dado la vida por el arte.



Triunfo
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a

Érase una vez un hombre que vivía muy cerca de un importante cruce de caminos.
Todos los días, a primera hora de la mañana, llegaba hasta allí e instalaba un puesto ambulante en el que vendía bocadillos que él mismo hacía.
Era sordo, por lo tanto no escuchaba la radio. No veía bien, y por lo mismo ni un solo día leía los diarios.
Meses después alquiló un terreno, puso un gran letrero de colores y personalmente pregonaba su mercancía gritando a todo pulmón: "Compre deliciosos bocadillos calientes", y la gente compraba cada día más.
Aumentó la venta, alquiló un terreno más grande y mejor ubicado y sus ventas se incrementaron día a día.
Su fama aumentaba y su trabajo era tanto que decidió buscar a su hijo, un hombre de negocios de una gran ciudad, para que lo ayudara.
A la carta del padre, su hijo respondió: ¡Pero papá! ¿No escuchas la radio, ni lees los periódicos, ni ves televisión?. ¡¡¡¡ Este país está atravesando una gran crisis, la situación es muy mala... No podría ser peor!!!!.
El padre pensó: "Mi hijo trabaja en una gran ciudad, lee los periódicos y escucha la radio, tiene contactos importantes... Debe saber de qué habla...".
Así que revisó sus gastos, compró menos pan, disminuyó la compra de cada uno de los ingredientes y dejó de promocionar su producto. Su fama y sus ventas disminuyeron día a día.
Tiempo después desmontó el letrero y devolvió el terreno. Aquella mañana escribió a su hijo y le dijo: "Tenías mucha razón: verdaderamente estamos atravesando una gran crisis".




Dos burritos
Autor: Mamerto Menapace
Procedencia: Colaborador/a publicado en Cuentos Rodados, Editorial Patria Grande


Érase una vez una madre - así comienza esta historia encontrada en un viejo libro de vida de monjes, y escrita en los primeros siglos de la Iglesia -. Érase una vez una madre - digo - que estaba muy apesadumbrada, porque sus dos hijos se habían desviado del camino en que ella los había educado. Mal aconsejados por sus maestros de retórica, habían abandonado la fe católica adhiriéndose a la herejía, y además se estaban entregando a un vida licenciosa lanzándose cada día más por la pendiente del vicio.
Pues bien, esta madre fue un día a desahogar su congoja con un santo eremita que vivía en el desierto de la Tebaida. Era este un santo monje, de los de antes, que se había ido al desierto a fin de estar en la presencia de Dios purificando su corazón con el ayuno y la oración. A él acudían cuantos se sentían atormentados por la vida o los demonios difíciles de expulsar.
Fue así como esta madre de nuestra historia se encontró con el santo monje en su ermita, y le abrió el corazón contándole toda su congoja. Su esposo había muerto cuando sus hijos eran aún pequeños, y ella había tenido que dedicar toda la vida a su cuidado. Había puesto todo su empeño en recordarles permanentemente la figura del padre ausente, a fin de que los pequeños tuvieran una imagen que imitar y una motivación para seguir su ejemplo. Pero, he aquí, que ahora, ya adolescentes, se habían dejado influenciar por las doctrinas de maestros que no seguían el buen camino y enseñaban a no seguirlo. Y ella sentía que todo el esfuerzo de su vida se estaba inutilizando. ¿Qué hacer? Retirar a sus hijos de la escuela, era exponerlos a que suspendidos sus estudios, terminaran por sumergirse aún más en los vicios para dedicarse al ocio y vagancia.
Lo peor de la situación era, que ella misma ya no sabía qué actitud tomar respecto a sus convicciones religiosas y personales. Porque si éstas no habían servido para mantener a sus propios hijos en la buena senda, quizá fueran indicio de que estaba equivocada también ella. En fin, al dolor se sumaba la duda y el desconcierto de no saber qué sentido podría tener ya el continuar siendo fiel al recuerdo de su esposo difunto.
Todo esto y muchas otras cosas contó la mujer al santo eremita, que la escuchó en silencio y con cariño. Cuando terminó su exposición, el monje continuó en silencio mirándola. Finalmente se levantó de su asiento y la invitó a que juntos se acercaran a la ventana. Daba esta hacia la falda de la colina donde solamente se veía un arbusto, y atada a su tronco una burra con sus dos burritos mellizos.
-¿Qué ves? - le preguntó a la mujer, que respondió:
-Veo una burra atada al tronco del arbusto y a sus dos burritos gemelos que retozan a su alrededor sueltos. A veces vienen y maman un poquito, y luego se alejan corriendo por detrás de la colina donde parecen perderse, para aparecer enseguida cerca de su madre. Y esto lo han venido haciendo desde que llegué aquí. Los estaba viendo mientras te hablaba.
- Has visto bien - le respondió el ermitaño -. Aprende de la burra. Ella permanece atada y tranquila. Deja que sus burritos retocen y se vayan. Pero su presencia allí es un continuo punto de referencia para ellos, que permanentemente retornan a su lado. Si ella se desatara para querer seguirlos, probablemente se perderían los tres en el desierto. Tu fidelidad es el mejor método para que tus hijos puedan reencontrar el buen camino cuando se den cuenta de que están extraviados.
Sé fiel y conservarás tu paz, aun en la soledad y el dolor. Diciendo esto la bendijo, y la mujer retornó a su casa con la paz en su corazón dolorido.



El elefante y la alondra
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a


El elefante y la alondra eran amigos. La alondra le señalaba al elefante los rincones mas sombreados de la selva, y el elefante protegía con su presencia nocturna el nido de la alondra de serpientes voraces y ardillas rapaces.

Un día el elefante le dijo a la alondra que le envidiaba por poder volar. ¡Cuánto le gustaría remontarse por los aires, ver la tierra desde las alturas, llegar a cualquier sitio en cualquier momento! Pero con su peso... ¡era imposible!

La alondra le dijo que era muy fácil. Se quitó con el pico una pluma de la cola y le dijo: "Aprieta fuerte esta pluma en la boca, y agita rápidamente las orejas arriba y abajo"

El elefante hizo lo que la alondra le había dicho. Apretó con fuerza pluma en la boca para que no se le fuese y comenzó a agitar sus grandes orejas arriba y abajo con toda su energía. Poco a poco noto que se levantaba, despegaba, se sostenía en el aire y podía ir donde quisiese por los aires con toda facilidad. Vio la tierra desde las alturas, vio los animales y los hombres, cruzó por lo alto el río profundo que había marcado el límite de su territorio, exploró paisajes desconocidos, y volvió al fin, feliz y contento a aterrizar en el sitio donde había dejado a la alondra. "No sabes cuánto te agradezco esta pluma milagrosa", le dijo. Y se la guardó cuidadosamente detrás de la oreja para volver a usarla en cuanto quisiera volar otra vez.

La alondra le contesto: "Oh, esa pluma. La verdad es que no vale nada. Se me iba a caer de todos modos, y era inútil" Pero tendría que darte algo para que creyeras, y se me ocurrió eso. Lo que te hizo volar fue lo bien que agitaste las orejas"





Acoger al Espíritu y sus dones
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a


Un hombre de Dios bajó al pueblo para anunciar a sus habitantes que el Espíritu Santo iba a ser derramado sobre ellos cuando volviera a amanecer. Aquella noticia les llenó de entusiasmo e hicieron todos los preparativos para recibirlo. Pero al llegar el momento indicado, sólo unos pocos lo recibieron y pudieron beneficiarse de todos sus dones; a los demás, les pasó totalmente desapercibido aquel Espíritu. Éstos, viendo lo alegres que estaban los que lo habían recibido, se marcharon indignados en busca del hombre de Dios para protestar por lo ocurrido. Él les dijo:
- De nada vale que venga la fuerza del viento, si las velas de vuestros barcos no están desplegadas para dejarse llevar por él.
A esto contestaron irritados:
- Pero si nosotros no vimos venir ningún viento ni nada que se le pareciese. Sólo vimos salir el sol, como todos los días, y nada más.
Y el hombre de Dios les respondió:
- El Amor gratuito, al igual que el viento, no puede verse con los ojos, sólo puede percibirse desde el corazón. Y por lo que parece, vuestros corazones están cegados, porque no se dejan arrastrar por la fuerza del Amor que continuamente Dios está derramando sobre vosotros.
Al escuchar estas palabras, le preguntaron:
- ¿Y cuándo dejaremos de estar ciegos?
Y aquel hombre respondió:
- Cuando dejéis de ver salir el sol con la rutina de todos los días; cuando dejéis de dar por supuestas tantas cosas que os rodean, y que son un regalo gratuito del que sólo podréis disponer ese día. Entonces, y sólo entonces, estaréis preparados para ver y recibir al Espíritu que os sostiene y os envuelve cada día.




El vendedor de baratijas
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a


Había un viejo sufí que se ganaba la vida vendiendo toda clase de baratijas. Parecía como si aquel hombre no tuviera entendimiento, porque la gente le pagaba muchas veces con monedas falsas que él aceptaba sin protestar, y otras veces afirmaban haberle pagado, cuando en realidad no lo habían hecho, y él aceptaba su palabra.
Cuando le llegó el día de la muerte, alzó sus ojos al cielo y dijo:
«¡Oh Alá! He aceptado de la gente muchas monedas falsas, pero ni una sola vez he juzgado a ninguna de esas personas en mi corazón, sino que daba por supuesto que no sabían lo que se hacían. Yo también soy una moneda falsa. No me juzgues, por favor.»
Y se oyó una voz que decía:
«¿Cómo es posible juzgar a alguien que no ha juzgado a los demás?»





Sé tú mismo
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a


Había una vez, en un lugar y en un tiempo que podría ser cualquiera, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era alegría en el jardín, excepto un árbol, que estaba profundamente triste. El pobre tenía un problema: no sabía quién era. El manzano le decía: "Lo que te falta es concentración, si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas, es muy fácil". El rosal le decía: "No le escuches. Es más sencillo tener rosas, y son más bonitas". El pobre árbol, desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, pero como no lograba ser como los demás se sentía cada vez más frustrado. Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó: "No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas. Sé tu mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior." Y dicho esto, el búho desapareció. ¿Mi voz interior...? ¿Ser yo mismo...? ¿Conocerme...? Se preguntaba el árbol desesperado. Entonces, de pronto, comprendió. Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole: "Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso, dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje. Tienes una misión, cúmplela. Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.




Todo pasa
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a


Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte: - Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes que existen. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos los que lo escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero no pudieron darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le ayudara en momentos de desesperación total. Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también lo había sido de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo: -No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje -el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey- Pero no lo leas -le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida, enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el paso. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino. De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso. Simplemente decía: "ESTO TAMBIÉN PASARÁ". Mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos. El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo: - Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje. - ¿Qué quieres decir? - preguntó el rey -. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida. -Escucha- dijo el anciano- : este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero. El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará", y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, la egolatría, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Entonces el anciano le dijo: - Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.





Tres pipas para calmar el enfado
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a


Una vez un miembro de la tribu se presentó furioso ante su jefe para informarle que estaba decidido a vengarse de un enemigo que lo había ofendido gravemente. Quería ir inmediatamente y matarlo sin piedad. El jefe le escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a hacer lo que tenía pensado, pero antes de hacerlo llenara su pipa de tabaco y la fumara con calma al pie del árbol sagrado del pueblo. El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol. Tardó una hora en terminar la pipa. Luego sacudió las cenizas y decidió volver a hablar con el jefe para decirle que lo había pensado mejor, que era excesivo matar a su enemigo pero que sí le daría una paliza memorable para que nunca se olvidara de la ofensa. Nuevamente el anciano lo escuchó y aprobó su decisión, pero le ordenó que ya que había cambiado de parecer, llenara otra vez la pipa y fuera a fumarla al mismo lugar. También esta vez el hombre cumplió su encargo y estuvo media hora meditando. Después regresó a donde estaba el cacique y le dijo que consideraba excesivo castigar físicamente a su enemigo, pero que iría a echarle en cara su mala acción y le haría pasar vergüenza delante de todos. Como siempre, fue escuchado con bondad pero el anciano volvió a ordenarle que repitiera su meditación como lo había hecho las veces anteriores. El hombre, medio molesto, pero ya mucho más sereno, se dirigió al árbol centenario y allí sentado fue convirtiendo en humo, su tabaco y su bronca. Cuando terminó, volvió al jefe y le dijo:
- Pensándolo mejor veo que la cosa no es para tanto. Iré donde me espera mi agresor para darle un abrazo. Así recuperaré un amigo que seguramente se arrepentirá de lo que ha hecho". El jefe le regaló dos cargas de tabaco para que fueran a fumar juntos al pie del árbol, diciéndole:
- Eso es precisamente lo que tenía que pedirte, pero no podía decírtelo yo; era necesario darte tiempo para que lo descubrieras tu mismo".




Volar sobre el pantano
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a


Un pájaro que vivía resignado en un árbol podrido en medio del pantano, se había acostumbrado a estar ahí. Comía gusanos del fango y se hallaba siempre sucio por el pestilente lodo. Sus alas estaban inutilizadas por el peso de la mugre, hasta que cierto día un gran ventarrón destruyó su guarida. El árbol podrido fue tragado por el cieno y el pájaro se dio cuenta de que iba a morir. En un deseo repentino de salvarse, comenzó a aletear con fuerza para emprender el vuelo. Le costó mucho trabajo, porque había olvidado como volar, pero se enfrentó al dolor del entumecimiento hasta que logró levantarse y cruzar el ancho cielo, llegando finalmente a un bosque fértil y hermoso.

El pájaro tuvo la oportunidad de sacudirse el cieno, para volar alto y lejos.

 




Basta una cebolla
Autor/a: José Luis Martín Descalzo
Procedencia: Colaborador/a

¿Conocen ustedes la fábula rusa de la cebolla? Cuentan los viejos cronicones ortodoxos que un día se murió una mujer que no había hecho en toda su vida otra cosa que odiar a cuantos la rodeaban. Y que su pobre ángel de la guarda estaba consternado porque los demonios, sin esperar siquiera al juicio final, la habían arrojado a un lago de fuego en el que esperaban todas aquellas almas que estaban como predestinadas al infierno. ¿Cómo salvar a su protegida? ¿Qué argumentos presentar en el juicio que inclinasen la balanza hacia la salvación? El ángel buscaba y rebuscaba en la vida de su protegida y no encontraba nada que llevar a su argumentación. Hasta que, por fin, rebuscando y rebuscando se acordó de que un día había dado una cebolla a un pobre. Y así se lo dijo a Dios, cuando empezaba el juicio. Y Dios le dijo: "Muy bien, busca esa cebolla, dile que se agarre a ella y, si así sale del lago, será salvada."

Voló precipitadamente el ángel, tendió a la mujer la vieja cebolla y ella se agarró a la planta con todas sus fuerzas. Y comenzó a salir a flote. Tiraba el ángel con toda delicadeza, no fuera a romperse. Y la mujer salía, salía. Pero fue entonces cuando otras almas, que también yacían en el lago, lo vieron. Y se agarraron a la mujer, a sus faldas, a sus piernas y brazos, y todas las almas salían, salían. Pero a esta mujer, que nunca había sabido amar, comenzó a entrarle miedo, pensó que la cebolla no resistiría tanto peso y comenzó a patalear para liberarse de aquella carga inoportuna. Y, en sus esfuerzos, la cebolla se rompió. Y la mujer fue condenada. Sí, basta una cebolla para salvar al mundo entero. Siempre que no la rompamos pataleando para salvarnos nosotros solitos. (José Luis Martín Descalzo, "Razones para vivir").





Subir una escalera
Autor: Julio Cortazar
Procedencia: Colaborador/a



Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de
tal manera que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se esta en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un poco más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizás más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.

Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el otro pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
Llegando en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternativamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.


¿Qué semejanzas hay entre subir una escalera y vivir la vida?
¿Qué importancia tiene subir la escalera?


 

 


Del libro de la vida y de la muerte
Autora: Desconocido/a
Procedencencia : Colaborador/a

Buscando fortalecer mi compasión en estos días en los que el miedo me llevaba al odio, abrí El libro Tibetano de la Vida y de la Muerte (Sogyal Rimpoché) por el capítulo sobre la compasión, y leí cómo Asanga, uno de los más famosos santos budistas de la India, marchó a la montaña para meditar sobre el Maitreya, el Buda de la compasión.
Durante seis años Asanga meditó con total austeridad, pero no consiguió ni siquiera un sueño, así que decidió abandonar su retiro. A los pocos pasos encontró un hombre que pulía una enorme barra de hierro con un trocito de seda.
- ¿Qué haces?, preguntó Asanga.
- Necesito una aguja - Contestó el hombre - y me la estoy haciendo.
Asanga se dijo: "Gastamos nuestra vida en empresas absurdas, ¿acaso no puede dedicar algo de tiempo a la vida espiritual?", y volvió a su retiro.
Transcurrieron tres años y no recibió ninguna señal, así que volvió a desanimarse y decidió abandonar. En el camino encontró a un hombre que frotaba con una pluma una roca enorme y que le explicó que trataba de hacerla desaparecer porque impedía que el sol diera en su casa.
Asanga se sintió asombrado ante tanta energía y volvió avergonzado a su retiro, donde pasó otros tres años. Transcurrido este tiempo sin que nada hubiera sucedido se sintió desesperado y abandonó su retiro definitivamente. Pasaron las horas y entrada ya la tarde se encontró con un perro tendido en medio del camino. La mitad trasera de su cuerpo estaba herida, cubierta de pus. Asanga se sintió tan conmovido por el animal que se cortó un pedazo de su propia carne y se la dió al perro para que comiera. Después se arrodilló para limpiar sus heridas, pero vio que el único modo de quitarle el pus sin causarle más dolor era con la lengua, así que cerró los ojos para no ver la repulsiva masa y se inclinó sobre él para lamerle las heridas, pero su sorpresa fue enorme cuando su lengua tocó el suelo. El perro había desaparecido y en su lugar estaba el Buda Maitreya.
Por fin, dijo Asanga, ¿por qué no has aparecido antes? Maitreya sonrió dulcemente:
- He estado contigo todo el tiempo, dijo, pero no podías verme. Tu trabajo ha ido purificándote y por eso pudiste ver al perro. Luego, tu compasión limpió el resto de la oscuridad de tus ojos, y ahora puedes verme. Y si quieres comprobar lo que te digo, cárgame en tus hombros y llévame al mercado.
Asanga cargó a Maitreya en su hombro derecho y se dirigió Al mercado.
- ¿Qué llevo en el hombro?, empezó a preguntar, y la gente le decía:
- Nada. Unicamente una anciana que había purificado su karma, contestó:
- Llevas el cadaver de un perro putrefacto.
Aquí acaba la historia que leí. Ayer, cogí el metro, y al darme cuenta de que miraba a un marroquí con miedo, pedí a Dios que me ayudara a ver que él era como yo. Y entonces sentí que aquel hombre no sólo era "como yo", sino que era "como Él". Esa sensación me sacudió, y tras ella me llegó el convencimiento de que todos los seres somos Dios y que todo lo que hacemos es su obra. Otra forma de decirlo sería que todos somos hijos de su amor y todos nuestros actos son actos de amor.
Entonces pensé en los terroristas, los violadores, los asesinos, e intenté verlos también como Dios, y a sus actos como misteriosos actos de amor, y sentí una repugnancia parecida a la que sentiría si tuviera que lamer el pus de una terrible herida, y me di cuenta de que cuando pueda "lamer" una herida semejante, veré lo mismo que vio Asanga, y que ésta es la más misteriosa de las verdades.
Así que rezo para que todos podamos verla.






La felicidad
Según un texto de 1693 encontrado en la Iglesia de Saint Paul de Baltimore (USA)

Anda plácidamente entre el ruido y la prisa, y recuerda qué paz puede haber en el silencio.
Vive en paz con todas las personas. Dí tu verdad tranquila y claramente; escucha a los demás, incluso al aburrido y al ignorante; ellos también tienen su historia. Evita a las personas ruidosas y agresivas. Si te comparas con otros, puedes volverte vanidoso y amargado; porque siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú.
Disfruta de tus logros así como de tus planes. Mantén el interés en tu propia carrera, aunque sea humilde; es una verdadera posesión en las cambiantes fortunas del tiempo. Usa la precaución en tus negocios; porque el mundo está lleno de trampas. Pero no por eso te ciegues a la virtud que pueda existir; mucha gente lucha por altos ideales; y en todas partes la vida está llena de heroísmo.
Sé tu mismo. Especialmente, no finjas afectos. Tampoco seas cínico respecto al amor; porque frente a toda aridez y desencanto el amor es perenne como la hierba.
Recoge mansamente el consejo de los años, renunciando alegremente a las cosas de la juventud. Nutre tu fuerza espiritual para que te proteja en la desgracia repentina. Pero no te angusties con fantasías.
Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad. Junto con una sana disciplina, sé amable contigo mismo. Tú eres una criatura del universo, no menos que los árboles y las estrellas; tú tienes derecho a estar aquí. Y te resulte evidente o no, sin duda el universo se desenvuelve como debe. Por lo tanto, mantente en paz con Dios, de cualquier modo que lo concibas y cualesquiera que sean tus trabajos y aspiraciones, mantén en la ruidosa confusión, paz con tu alma.
Con todas sus farsas, trabajos y sueños rotos, éste sigue siendo un mundo hermoso. Ten cuidado, esfuérzate en ser feliz.

 

El campo de minas
Autor: Carlos G. Vallés
Vida Nueva nº 2008, septiembre 95

Un ex combatiente del Vietnam se hizo querer entre sus vecinos, después de volver de la guerra y asentarse en un oficio y una familia, por su consideración con todos y su prontitud en ayudar en cualquier momento. No parecía encajar tanta delicadeza con la imagen de un soldado que volvía de la guerra, y menos de esa guerra. Pero tenía su explicación, que sus amigos íntimos sabían.
Su misión en la guerra había sido limpiar campos de minas. Todo aquel terreno de bosques y maleza, de escaramuzas y emboscadas, estaba sembrado de minas traidoras que al menor contacto con una rama, un alambre, una piedra en el camino podían explotar y llevarse la vida de un hombre. Y el mayor peligro era para quienes se adelantaban a detectar, adivinar, desactivar la muerte disfrazada en el terreno.
Había que medir cada paso, calcular cada gesto, arriesgar cada tirón. Varios de sus compañeros de equipo habían muerto así, y él sabía que lo mismo le podía ocurrir a él en cualquier momento. Y eso le hizo sentir el valor de la vida. Cada paso valía una eternidad. La vida entera había de ser vivida entre el levantar un pie y volver a ponerlo sobre el terreno inseguro. Cada instante estaba lleno de vida porque el siguiente podía estar lleno de muerte. Todos los sentidos alerta a flor de piel, todo el corazón vivido en cada latido, toda mirada abierta a la pincelada de colores que descubre el paisaje, todo sonido analizado en el espectro que va de la mina a la muerte. Vida intensa en el campo de minas.
Ése era su secreto. Vivir al día, vivir el minuto, vivir al instante. Vivir el presente. La vida es un campo de minas.


¿Esperas?
Autor/a Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a


El bebé espera las caricias de su madre;
el niño espera en el patio del colegio a que vengan a buscarlo,
y espera también ansiosamente el día de su santo o la visita de los Reyes Magos.

El adolescente espera a sus amigos, y el estudiante los resultados de su examen;
el enamorado espera a su amada bajo el gran reloj de la estación, donde han quedado citados.

La mujer espera el nacimiento de su bebé, el trabajador espera su paga y el ascenso, el jugador espera el momento del sorteo, los padres esperan al hijo que marchó a un país lejano.

El preso espera su liberación, el enfermo insomne espera el momento del amanecer, el anciano abandonado espera a la asistenta...

Todos esperamos algo o a alguien: una visita, un acontecimiento feliz, las vacaciones, un viaje, una fiesta familiar, a un amigo...

Esperar... ¿no es una manera de aguardar? Quien no espera nada ni a nadie ya está como muerto.

De algún modo, la espera es lo que da ritmo a nuestra vida, porque, gracias a la imaginación, hace ya presente aquello que esperamos y prepara nuestro corazón a recibirlo.




El nacimiento del sol
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a


En la remota antigüedad, un pueblo que habitaba en un hermoso valle rodeado de montañas, recibió una insólita noticia. Un viajero recién llegado les informó que atravesando esas gigantescas moles de piedra, existía otro lugar, completamente llano y cubierto de agua.

- Desde allí, continuó relatando... - puede observarse el instante mismo del nacimiento del sol. Un hermoso cambio de colores en el cielo lo precede: luego, al aparecer, es enorme, y se le puede contemplar directamente, pues su color rojo no hiere la vista. Mientras se eleva, va empequeñeciéndose y tornándose amarillo, tal como lo veis a diario, surgir tras las montañas. Lo que vosotros creíais que era el comienzo, en realidad no lo es. El haber estado en aquel lugar me ha permitido comprender.

Al escuchar aquellas palabras, algunos habitantes de la comarca quedaron paralizados de estupor, otros se dispusieron, presurosamente, a partir e iniciar la marcha.

En el transcurso de la travesía se fue haciendo de noche. El febril deseo de llegar... aceleraba los pasos de los caminantes para contemplar, cuanto antes, tan increíble acontecimiento.

La marcha era difícil. Kilómetro a kilómetro renovaban el esfuerzo y, la promesa de lo desconocido, superaba el cansancio. No obstante, eran necesarias algunas pausas para recuperar las fuerzas y el aliento, pero no para todos. La tenacidad y el empeño de cada uno, iba modulando, paso a paso, la longitud de ese cordón de hombres anhelantes. El que lo encabezaba, se alejaba cada vez más del resto que le sucedía, y marchó solo, en la noche, adelantándose en el camino.

Súbitamente aquel lugar del que hablaron, apareció ante su vista. Esa masa increíble de agua cubriéndolo todo y el rumor continuo de sus olas y... también la oscuridad de la noche.

El prometido sol no estaba y entonces, sucedió lo inevitable, la decepción. Ahora sí que el cansancio se dejó sentir y los caminantes cayeron exhaustos, mientras continuaban contemplando, en penumbras, el fosforescente estallido de la espuma del mar. Casi sin darse cuenta se quedaron dormidos...

Cuando despertaron, el sol era el mismo que siempre habían visto en su tierra. Bajo su luz, sus compañeros comentaban, extasiados, la revelación del comienzo verdadero.

En ese momento advirtieron que habían presenciado el nacimiento del sol, y su mente, tan veloz como antes de emprender la marcha, comprendió en aquel mismo instante, el misterio, temporal, de la búsqueda y el encuentro.




El sistema capitalista
Autor/a: Desconocido/da
Procedencia: Colaborador/a

- Buenos días. Vengo a pedir un crédito
- Encantado de atenderlo, Sr. Laguna. A ver... ¿qué cantidad pide?
- 1 euro.
- ¿Un euro...? Por favor Sr. Laguna: No hace falta pedir un crédito por esta cantidad. Lo puede retirar de cualquiera de sus cuentas. Lo saco de su cuenta corriente o de su libreta de ahorro.
- ¡¡He dicho que me conceda un crédito de UN EURO (1€)!! Si no me lo conceden cancelo la cuenta, la libreta, el fondo de inversiones y me voy a otro banco.
- Oh, no, Sr. Laguna, ¡Si es un placer! No me interprete mal. Claro que no tenemos ningún inconveniente para concederle su crédito, ¡no faltaría más!
- Bien...
- ¿Qué plazo querría?
- Un mes.
- Bien, como que es un plazo corto le aplicaremos un interés de un 10%... y como que es uno de nuestros mejores clientes, lo dejaremos en el 5%.
- ¿Le parece bien?
- Muy bien. Como garantía, quiero dejar el Mercedes.
- ¿El Mercedes? ¡Pero, Sr. Laguna! Por esta cantidad no es necesario que nos deje una garantía tan cara. Además, tratándose de usted, no hace falta ninguna garantía...
- He dicho que quiero dejar una garantía: El MERCEDES Si no me lo aceptan, cancelo la cuenta, la libreta, el fondo de inversiones y me voy a otro banco.
- ¡Oh, no, no, Sr. Laguna! ¡Por favor aceptamos con mucho gusto su garantía, claro que sí! Puede dejarlo en el parking de la oficina. Ahora, ya sólo hace falta que firme aquí. Así. Muy bien, Sr. Laguna. Muchas gracias y a su disposición. Hasta pronto.
Laguna llega a su casa y le dice a su mujer muy contento:
- ¡Montserrat! Ya podamos ir de vacaciones! HE ENCONTRADO UN PARKING VIGILADO PARA EL MERCEDES DURANTE UN MES, Y ESTO POR SÓLO 1,05 €!!!




Carta de una madre a su hijo estudiante de informática
Autor/a: Desconocido/da
Procedencia: Colaborador/a

Querido Hijo:
Como que desde que empezaste tus estudios de informática, tu nivel de comunicación con el resto de la familia ha ido bajando. Como que tu capacidad de mantener un mínimo de orden en tu mesa de trabajo y en toda la habitación también ha bajado. Pues he decidido intervenir y hacértelo notar del mismo modo que tú lo haces cada día para dirigirte a nosotros, tu familia.
Viendo que tu sistema operativo no te permite mantener optimizado tu entorno de trabajo, ni tus unidades de almacenaje, he creído conveniente fragmentar tu espacio libre y poner orden en tu sistema de archivos.
Así pues, he liberado mucho espacio en tus unidades de alta capacidad (estantes) y en las unidades extraíbles (cajones). He habilitado, junto a tu acceso telefónico, un espacio reservado a documentos, y he dejado espacio suficiente para que tengas acceso directo a tus herramientas de escritura y dibujo. También he vaciado la papelera y he restaurado la configuración visual de las paredes, eliminando tus wallpapers tan pasados de moda.
Al escanear el resto del entorno, he encontrado unas particiones escondidas en el espacio entre el colchón y el somier. Te recomiendo que guardes el software "de anatomía visual" en carpetas poco accesibles a tus hermanos, que todavía son menores de edad, si no quieres sufrir la censura de la B.S.A, si no hay la de tus padres.
La ropa sucia la he procesado con un programa largo y he comprimido tus unidades extraíbles. Te recomiendo que actualices a menudo tu ropa interior, de lo contrario hará falta pasar un "Antivirus" de vez en cuando
Como sé que encontrarás algunas dificultades para adaptarte a este nuevo orden, he ordenado la mesa de contenidos de tus unidades para que te resulte más sencillo encontrar aquello que buscas. Claro está que puedes encontrar algún bug; es la primera vez que hago de administradora de sistemas.
Si detectas alguno házmelo saber y crearé un patch.
Finalmente he minimizado el desorden general de tu armario, he maximizado tu área de estudio y he puesto en funcionamiento un bucle condicionado que limitará tus recursos en el supuesto de que no mantengas optimizado tu entorno.
Espero que todos estos cambios mejoren tu rendimiento y ya no haga falta hacer overclocking a tus horas de estudio, ni limitarte la ancha de banda de tus comunicaciones.

Firmado: Tu Madre.
P.D. Tu familia echa de menos una conversación normal.






Estrellas y cometas
Autor / a: Desconocido / da
Procedència: Col·laborador/a


Hay personas estrellas. Hay personas cometas.

Los cometas pasan. Apenas son recordados por las fechas que pasan y vuelven. Las estrellas permanecen.

Hay mucha gente cometa. Pasan por nuestra vida apenas por instantes; no cautivan a nadie, y nadie los cautiva. Gente sin amigos. Que pasan por la vida sin iluminar, sin calentar, sin marcar presencia. Así son muchos artistas. Brillan apenas por instantes en los escenarios de la vida. Y con la misma rapidez que aparecen, desaparecen.

Así son muchos reyes y reinas: de naciones, de clubes deportivos, concursos de belleza. Así mismo son hombres y mujeres que se enamoran y se dejan enamorar con la mayor facilidad. Así son personas que viven en una misma familia y pasan para el otro sin ser presencia, sin existir.

Lo importante es ser Estrella. Hacer sentir nuestra presencia. Ser luz. Calor. Vida. Los Amigos son Estrellas. Los años pueden pasar, surgir distancias, pero en nuestros corazones quedan sus marcas.

Ser cometa no es ser amigo. Es ser compañero por instantes. Explotar sentimientos. Aprovecharse de las personas y de las situaciones. Es hacer creer y hacer dudar al mismo tiempo. La soledad es el resultado de una vida cometa.

Nadie permanece. Todos pasan. Y nosotros también pasamos para los otros. Es necesario crear un mundo de Estrellas. Verlas y sentirlas todos los días. Poder contar con ellas todos los días. Todos los días ver su luz y sentir su calor. Así son los Amigos. Estrellas en nuestras vidas. Se puede contar con ellos. Ellos son refugio en los momentos de tensión. Luz en los momentos obscuros. Pan en los momentos de debilidad. Seguridad en los momentos de desánimo.

Al mirar los cometas, es bueno no sentirnos como ellos. Ni desear agarrarnos de su cola. Al mirar los cometas, es bueno sentirse estrella. Dejar por sentada nuestra existencia, nuestra constante presencia. Haber vivido y construido una historia personal. Es bueno sentir que hemos sido luz para muchos amigos, y que ellos nos han iluminado a su vez. Es bueno sentir que hemos sido calor para muchos corazones, y que esos corazones nos arroparon cuando el frío nos castigó.

Ser estrella en este mundo pasajero, en este mundo lleno de personas cometas, es un desafío, pero por encima de todo una recompensa. Es nacer y haber vivido, y no haber existido apenas.




Hay cosas que no se comprenden
Autor: Traducido del francés y ampliado por Josep Codina
Procedencia: Colaborador/a

Con dinero podemos comprar placer,
pero no amor.
Con dinero podemos comprar espectáculo,
pero no alegría.
Con dinero podemos comprar un esclavo,
pero no un amigo.
Con dinero podemos comprar una mujer,
pero no una esposa.
Con dinero podemos comprar una casa,
pero no un hogar.
Con dinero podemos comprar alimentos,
pero no hambre
Con dinero podemos comprar medicamentos
pero no salud.
Con dinero podemos comprar diplomas,
pero no cultura.
Con dinero podemos comprar tranquilizantes,
pero no paz.
Con dinero podemos comprar favores,
pero no perdón.
Con dinero podemos comprar la tierra,
pero no el cielo.
Con dinero podemos comprar títulos,
pero no honradez.
Con dinero podemos comprar bienestar,
pero no felicidad
Con dinero podemos comprar cosas y pasarlo bien (a ratos),
pero sólo queriendo a las personas podemos ser felices (siempre),
aunque, a veces, no nos lo pasemos bien.





18 Signos inequívocos que estas viviendo en el siglo XXI
Autor/a: Desconocido/da
Procedencia: Colaborador/a

1.- Intentas entrar con tu password incluso en el microondas.
2.- No has jugado al solitario con cartas reales desde hace años.
3.- Tienes una lista de 15 números de teléfono para tu familia de 3 miembros.
4.- Envías un msn al móvil de tus colegas que están en la barra, ante ti para decirles: "Ahora vengo, voy al lavabo" y ellos te contestan: "Vale, ¿te pedimos una copa?"
5.- Chateas varias veces al día con una tía Argentina, pero llevas dos años en tu piso y todavía no has hablado con el vecino de tu rellano...tiene cara de pocos amigos...
6.- La razón por la cual no estás en contacto con algúno de tus amigos es porque no tiene e-mail.
7.- Tu idea de organización y marqueting se basa en el uso de post-it de colores.
8.- Cuando llamas desde casa marcas un 0 sin darte cuenta, para tener línea exterior.
9.- Llevas tu Currículum vitae en un cd en el bolsillo.
10.- Alucinas si te suben el sueldo un 10%.
11.- Los salarios de los directivos de tu empresa son más altos que el producto interior sucio de todos los países del Tercero Mundo juntos.
12.- Sabes exactamente cuántos días te quedan para jubilarte.
13.- Estar enfermo para poder pedir la baja, se define como no poder andar o estar ingresado en el hospital amorrado a la bombona de oxígeno...
14.- Las frases favoritas de tu jefe : "Cuando tengas unos minutos...", "Podrías hacerme esto, es sólo un momentito...", "Ya sé que estás muy ocupado/da pero tengo una..."
15.- Tus amigos y familiares describen tu trabajo como "trabaja con ordenadores o algo así, no sé..."
16.- Te acuerdas de tu novio/a porque tienes su foto como fondo del escritorio de windows.
17- Lees esta lista y afirmas con la cabeza mientras sonríes.
18- Mientras lees la lista vas pensando en hacer un reenviar a tu grupo de e-mail... los de siempre.





Educar
Autor/a: Desconegut/da
Procedència: Col·laborador/a

No educas cuando impones tus convicciones, sino cuando suscitas convicciones personales.
No educas cuando impones conductas, sino cuando propones valores que motivan.
No educas cuando impones caminos, sino cuando enseñas a caminar.
No educas cuando impones la sumisión, sino cuando despiertas el coraje de ser libres.
No educas cuando impones tus ideas, sino cuando fomentas la capacidad de pensar por cuenta propia.
No educas cuando impones el terror que aísla, sino cuando liberas el amor que acerca y comunica.
No educas cuando impones tu autoridad, sino cuando cultivas la autonomía del otro.
No educas cuando impones la uniformidad que adocena, sino cuando respetas la originalidad que diferencia.
No educas cuando impones la verdad, sino cuando enseñas a buscarla honestamente.
No educas cuando impones un castigo, sino cuando ayudas a aceptar una sanción.
No educas cuando impones disciplina, sino cuando formas personas responsables.
No educas cuando impones autoritariamente el respeto, sino cuando lo ganas con tu autoridad de persona respetable.
No educas cuando impones el miedo que paraliza, sino cuando logras la admiración que estimula.
No educas cuando impones información a la memoria, sino cuando muestras el sentido de la vida.