CUENTOS Y VIVENCIAS 25


01.- El águila, el cuervo y el pastor -
02.- Tal como son - 03.- La alforja - 04.- Amar lo que somos - 05.- Amor entre pájaros - 06.- Ante un elefante - 07.- El banquete del primer mundo - 08.- Azrael, el ángel de la muerte - 09.- Buena noticia - 10.- Buscar a Dios donde se encuentra - 11.- Cambiar la perspectiva - 12.- Canto del pájaro -
13.- Caridad y gratitud

14.- Himno a la alegría - 15.- No cree en Dios - 16.- Naturaleza - 17.- Cuentos - 18.- Acumular - 19.- Amante y activista - 20.- Arrepentimiento - 21.- El campo de minas - 22.- Carta a los misioneros - 23.- La casa en llamas - 24.- Cazar monos - 25.- Compartir el mejor maíz




El águila, el cuervo y el pastor
Esopo

Lanzándose desde una cima, un águila cazó a un corderito.
La vio un cuervo y tratando de imitar al águila, se lanzó sobre un carnero, pero con tan mal conocimiento en el arte que sus garras se enredaron en la lana, y batiendo al máximo sus alas no logró soltarse.
Viendo el pastor lo que sucedía, cogió al cuervo, y cortando las puntas de sus alas, se lo llevó a sus niños.
Le preguntaron sus hijos acerca de que clase de ave era aquella, y les dijo:
- Para mí, sólo es un cuervo; pero él, se cree águila.

Pon tu esfuerzo y dedicación en lo que realmente estás preparado, no en lo que no te corresponde.





Tal como son
Jorge Bucay
Procedencia: Colaborador/a. El camino del Encuentro


Cuentan que una mujer entró en un restaurante y pidió como primer plato una sopa de espárragos. Unos minutos después el camarero le servia un humeante plato y se retiraba.
- ¡Mozo! -grito la mujer- venga para acá.
- ¿Señora?, contesto el camarero acercándose.
- ¡Pruebe la sopa!, ordenó la clienta.
- ¿Qué pasa Señora? ¿No es lo que usted quería?
- ¡Pruebe la sopa!, repitió la mujer.
- Pero ¿qué sucede..., le falta sal?
- ¡¡¡¡ ¡Pruebe la sopa!!!!
- ¿Está fría?
- ¡¡¡¡PRUEBE LA SOPA!!!! , repetía la mujer insistentemente.
- Pero señora, por favor dígame lo que pasa..., dijo el mozo.
- Si quiere saber lo que pasa, pruebe la sopa, dijo la mujer señalando el plato.
- El camarero, dándose cuenta de que nada haría cambiar de parecer a la testaruda mujer, se sentó frente al humeante liquido amarillento y le dijo con cierta sorpresa:
- Pero aquí no hay cuchara...
-¿Ve?, dijo la mujer, ¿ve?... falta la cuchara.

Sería bueno que nos acostumbráramos, en las pequeñas y en las grandes cosas, a poder nombrar hechos, situaciones y emociones directamente, sin rodeos, tal como son.





La alforja
Alfonso Francia
Procedencia: Colaborador/a "Educar con fábulas"

Un día Júpiter bajó a la tierra, convocó a todos los animales, incluido el hombre, y les dijo:
- Quiero que viváis en armonía y contentos. Así que, si alguien tiene alguna queja, que la diga sin temor y enseguida le pondré el remedio.
- Nadie expuso nada. Júpiter entonces se dirigió al mono
- ¿Qué? ¿Tú estás contento?
- Claro, -respondió el mono- tengo cuatro patitas que son un tesoro y tengo un tipo que todos me envidian. Yo no tengo motivos para envidiar a nadie... Comparado con el oso, tan feo, soy una maravilla. Él sí tendrá de qué quejarse.
Los otros animales pensaban como el mono y esperaban la queja del oso. No hubo tal queja. Al contrario, con tono de orgullo dijo:
- Yo me veo fuerte, bien proporcionado, con cierto aire señorial. Comparado con el elefante, que es un monstruo, una masa de carne que parece que se cae a trozos, soy un encanto. No me quejo de nada.
El elefante tomó la palabra y dijo:
- ¡Ah!, pues yo no me quejo absolutamente de nada, me siento fuerte, sólido, como un rey con mucho poder. Mucho peor es la ballena que parece una masa informe.
La ballena no se quejó; se veía mejor que la jirafa, larguirucha y desgarbada. La jirafa se sentía esbelta, fina, señorial, no como la hormiga, insignificante y rastrera. La hormiga se veía como una reina comparada con el mosquito. Y el mosquito se vio ágil, se defendía muy bien... Así todos hasta que llegó el hombre. Éste se entretuvo en contar todas sus cualidades y encantos. Luego siguió hablando sobre los defectos de los otros. Y se reía de ellos.
Júpiter, que había estado en silencio, se dirigió a todos de nuevo y les dijo: Bien, veo que cada uno lleva dos alforjas: en la de atrás metéis vuestras faltas y en la de delante las faltas de los otros.





Amar lo que somos
Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador/a

Los animales del bosque se dieron cuenta un día de que ninguno de ellos era el animal perfecto: los pájaros volaban muy bien, pero no nadaban ni escarbaban; la liebre era una estupenda corredora, pero no podía volar ni sabía nadar... Y así todos los demás.
¿No habría una manera de establecer una academia para mejorar la raza animal? Dicho y hecho. En la primera clase de carrera, el conejo fue una maravilla, y todos le dieron sobresaliente; pero en la clase de vuelo subieron al conejo a la rama de un árbol y le dijeron: "¡Vuela, conejo!". El animal saltó y se estrelló contra el suelo, con tan mala suerte que se rompió dos patas y fracasó también en el examen final de carrera. El pájaro fue fantástico volando, pero le pidieron que excavara como el topo. Al hacerlo se lastimó las alas y el pico y, en adelante, tampoco pudo volar; con lo que ni aprobó la prueba de excavación ni llegó al aprobadillo en la de vuelo.
Convenzámonos: un pez debe ser pez, un estupendo pez, un magnífico pez, pero no tiene por qué ser pájaro. Un hombre inteligente debe sacarle punta a su inteligencia y no empeñarse en triunfar en deportes, en mecánica y en arte a la vez. Una mucha fea difícilmente llegará a ser bonita, pero puede ser simpática, buena y una mujer maravillosa... porque sólo cuando aprendamos a amar en serio lo que somos, seremos capaces de convertir lo que somos en una maravilla.

 


Amor entre pájaros
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a


El pájaro manso vivía en la jaula y el pájaro libre en el bosque.
Mas su destino era encontrarse, y había llegado la hora.
El pájaro libre cantaba: "Amor, volemos al bosque".
El pájaro preso decía bajito: "Ven tú aquí, vivamos los dos en la jaula".
Decía el pájaro libre: "Entre rejas no pueden abrirse las alas".
- Ay, decía el pájaro preso, ¿sabré yo posarme en el cielo?
El pájaro libre cantaba: "Amor mío, pía canciones del campo".
El pájaro preso decía: "Estate a mi lado, te enseñaré la canción de los sabios".
El pájaro libre cantaba: "No, no, nadie puede enseñar las canciones".
El pájaro preso decía: "Ay, yo no sé las canciones del campo".
Su amor es un anhelo infinito, mas no pueden volar ala con ala. Se miran y se miran a través de los hierros de la jaula, pero es en vano su deseo. Y aletean nostálgicos y cantan: "Acércate más, acércate más".
El pájaro libre grita: "¡No puedo! ¡No puedo! ¡Qué miedo me da tu jaula cerrada!"
El pájaro preso canta bajito: "¡Ay!, no puedo. ¡Mis alas se han muerto!"




Ante un elefante
Parábola hindú
Procedencia: Colaborador/a

Un príncipe oriental, para dar una lección a sus súbditos sobre la búsqueda de Dios, hizo reunir un día a muchos ciegos. Después ordenó que se les mostrase el más grande de sus elefantes sin decirles qué animal tenían delante. Cada ciego se acercó al elefante y le tocó en diversas partes de su cuerpo. Al final el príncipe preguntó qué había palpado cada uno.
El que había tocado las piernas dijo que un tronco arrugado de un árbol.
El que había tocado la trompa, una gruesa rama nudosa.
El que había tocado la cola, una serpiente desconocida.
Un muro, dijo el que había tocado el vientre.
Una pequeña colina, el que había tocado el lomo.
Como no se ponían de acuerdo entre ellos, comenzaron a discutir. El príncipe interrumpió la discusión:
- Esta pequeña muestra os hacer ver que de las grandes cosas conocemos muy poco, y de Dios casi nada.

 




El banquete del primer mundo
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a. Misión Abierta

Érase una vez un grupo de personas. Estaban invitados a un banquete en un castillo medieval. Era una fiesta espléndida. Los mejores manjares. Los vinos más costosos. No faltaba la orquesta. Los invitados tenían buen apetito. Y una vez saciados, en lugar de ir a casa, continuaban degustando alimentos.
Eran tan voraces que se acabó la comida. El dueño de la casa envió a sus criados, apoyados por los guardias de seguridad, a buscar más alimentos entre los pobres campesinos del entorno. También el gas empezó a escasear, y los cocineros ordenaron a algunos criados que cortaran madera de las columnas y del tejado para hacer fuego y continuar cocinando. Pasado un buen rato las columnas cedían y aparecían grietas en el techo. Pero los siervos y los comensales estaban tan absortos en lo suyo que no se daban cuenta de las consecuencias de sus acciones.

 


Azrael, el ángel de la muerte
Manuel Sánchez Monge
Procedencia: Colaborador/a “Parábolas como dardos”

Cuentan que en la ciudad de Bagdad, cierto día un joven charlaba en el jardín de su suntuoso palacio con dos ancianos mercaderes. Éstos se quejaban de su vida tan insegura, siempre viajando entre peligros y fatigas. El joven, en cambio, se sentía feliz, porque llegaríaa la vejez gozando de su palacio. De repente aparece Azrael, el ángel de la muerte, que mira con extrañeza al joven: desaparece después.
El joven, espantado, monta en su mejor caballo y huye; al cabo de unas horas de loca carrera, sufre, cerca de Damasco, una caída y en ella encuentra la muerte.
Pasado algún tiempo uno de los ancianos ve a Azrael y le pregunta por qué mostró aquella extrañeza ante el joven; el ángel de la muerte respondió: porque estaba feliz en Bagdad y yo debía llevármelo poco después en Damasco.


 


Buena noticia
Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador/a “El canto del pájaro”

El Reino de los cielos es semejante a dos hermanos que vivían felices y contentos, hasta que recibieron la llamada de Dios para hacerse discípulos suyos.
El de más edad respondió con generosidad a la llamada, aunque tuvo que sentir cómo se desgarraba su corazón al separarse de su familia y de la muchacha a la que amaba y con la que soñaba casarse. Pero, al fin, se marchó a un país lejano, donde gastó su propia vida al servicio de los más pobres. Se desató en aquel país una persecución, a resultas de la cual fue detenido, falsamente acusado, torturado y condenado a muerte.
Y el Señor le dijo:
- "Muy bien, siervo fiel y cumplidor. Me has servido por el valor de mil talentos. Voy a recompensarte con mil millones de talentos. ¡Entra en el gozo de tu Señor!"
La generosidad del más joven fue menor. Decidió ignorar la llamada, seguir su camino y casarse con la muchacha a la que amaba. Disfrutó de un feliz matrimonio, le fueron bien los negocios y llegó a ser rico y próspero. De vez en cuando daba una limosna a algún mendigo o se mostraba bondadoso con su mujer y sus hijos. También de vez en cuando mandaba alguna pequeña suma de dinero a su hermano mayor que se encontraba en un remoto país, adjuntándole una nota que decía: "Tal vez con esto puedas ayudar mejor a aquellos pobres diablos".
Cuando le llegó la hora, el Señor le dijo:
- "Muy bien, siervo fiel y cumplidor. Me has servido con valor de diez talentos. Voy a recompensarte con mil millones de talentos. ¡Entra en el gozo de tu Señor!"
El hermano mayor se sorprendió al oír que su hermano iba a recibir la misma recompensa que él. Pero le agradó sobremanera. Y dijo:
- "Señor, aun sabiendo esto, si tuviera que nacer de nuevo y volver a vivir, haría por Ti exactamente lo mismo que he hecho".






Buscar a Dios donde se encuentra
Vidal Ayala
Procedencia: Colaborador/a “La voz del bosque”

El ermitaño, en oración oyó claramente la voz de Dios. Le invitaba a acudir a un encuentro especial con Él. La cita era para el atardecer del día siguiente, en la cima de una montaña lejana.
Temprano se puso de camino; necesitaba toda la jornada para llegar al monte y escalarlo. Ante todo, quería llegar puntual a la importante entrevista.
Atravesando un valle, se encontró a varios campesinos ocupados en intentar controlar y apagar un incendio declarado en el bosque cercano, que amenazaba las cosechas y hasta las propias casas de los habitantes. Reclamaron su ayuda porque todos los brazos eran pocos. Sintió la angustia de la situación y el no poder detenerse a ayudarles. No debía llegar tarde a la cita y, menos aún, faltar a ella. Así que hizo una oración para que el Señor les socorriera y apresuró el paso, ya que tenía que dar un rodeo a causa del fuego.
Tras ardua ascensión, llegó a la cima de la montaña, jadeante por la fatiga y la emoción. El sol comenzaba su ocaso; llegaba puntual, por lo que dio gracias al cielo en lo más profundo de su corazón.
Anhelante esperó, mirando en todas las direcciones. El Señor no aparecía por ninguna parte. Por fin descubrió, visible sobre una roca, algo escrito. Leyó: "Dispénsame, estoy ocupado ayudando a los que sofocan el incendio".
Entonces comprendió dónde debía encontrarse con Dios.




Cambiar la perspectiva
Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador/a “Un minuto para el absurdo”


"Según cuál sea tu percepción, así será tu acción. Lo que hay que cambiar no es la acción, sino la perspectiva".
" ¿Y qué debo hacer para cambiarla?"
"Sencillamente, comprender que tu perspectiva actual es defectuosa".





Canto del pájaro
Anthony de Mello

Los discípulos tenían multitud de preguntas que hacer acerca de Dios. Les dijo el Maestro: "Dios es el Desconocido y el Incognoscible. Cualquier afirmación acerca de Él, cualquier respuesta a vuestras preguntas, no será más que una distorsión de la verdad".
Los discípulos quedaron perplejos: "Entonces, ¿por qué hablas sobre Él?"
"¿Y por qué canta el pájaro?", respondió el Maestro.
El pájaro no canta porque tenga una afirmación que hacer. Canta porque tiene un canto que expresar.




Caridad y gratitud
Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador/a “La oración de la rana

Hace mucho tiempo ofreció Dios una fiesta a todas las virtudes, grandes y pequeñas, humildes y heroicas. Todas ellas se reunieron en una sala del cielo espléndidamente decorada, y no tardaron en disfrutar de la fiesta, porque todas se conocían entre sí, e incluso algunas de ellas mantenían estrechas relaciones.
De pronto, Dios reparó en dos hermosas virtudes que no parecían conocerse entre sí en absoluto y daba la sensación de encontrarse incómodas la una junto a la otra. De modo que tomó a una de ellas y se la presentó formalmente a la otra: "Te presento a Gratitud", dijo Dios. "Ésta es Caridad".
Pero, en cuanto Dios se dio la vuelta para atender a otros invitados, ellas se separaron. Así es como ha circulado la historia de que ni siquiera Dios puede hacer que haya Gratitud donde hay Caridad.




Himno de la alegría
P. Albiol
Procedencia: Colaborador/a

Si eres pecador, alégrate, porque hoy mismo puedes dejar de serlo.
Si eres justo, alégrate, porque Dios tiene sus complacencias en ti.
Si estás enfermo, alégrate, porque la enfermedad pasará, pero permanecerá su mérito.
Alégrate si hablan mal de ti con mentira, porque la verdad prevalecerá al fin y será mayor el gozo futuro que la confusión presente.
Alégrate si te desprecian, porque son mayoría los que no te ofenden.
Alégrate si te aman, porque no puedes aspirar a mayor bien.
Alégrate si eres pobre, porque puedes hacer eternamente feliz al rico.
Alégrate si eres rico, porque puedes hacer temporalmente feliz al pobre.
Alégrate si trabajas, porque el trabajo te dignifica.
Alégrate si descansas, porque así te dispones para el trabajo.
Alégrate si eres ignorante, porque pecarás menos.
Alégrate si eres sabio, porque merecerás más.
Alégrate si te traicionan, porque eres superior al traidor.
Alégrate si te ridiculizan, porque es mejor servir de regocijo que de pena.
Alégrate si eres tentado, porque la gracia no te falta para ayudarte a vencer.
Alégrate si vives, porque aún tienes tiempo de merecer.
Alégrate si mueres, porque ya no podrás ofender a Dios.





No cree en Dios
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a



Rascólnikov, el joven protagonista de "Crimen y castigo", tras varios días sin apenas comer ni dormir, entra en una taberna y pide un vaso de aguardiente y una empanada. Al salir, pasea por unos jardines de la ciudad. El calor del día de verano, junto al efecto del alcohol, hacen que sienta sueño. Se tumba en la hierba y queda profundamente dormido. Tiene entonces un sueño en el que recuerda como siendo niño acompañaba a su padre de la mano, y al pasar por una ruidosa calle observó una escena que se le quedó hondamente grabada.
Un hombre bebido, junto a otros compañeros, maltrataba a un pequeño caballo viejo y flaco que apenas podía mover el gran carromato al que estaba uncido, pues llevaba una carga desproporcionada para sus fuerzas. El hombre, de grueso cuello y rostro carnoso color zanahoria, invitaba a sus amigos a que se subieran al carromato, con lo que hacía aún más difícil moverlo. Mientras, insistía a gritos en que haría galopar a ese caballo, lo golpeaba una y otra vez, primero con un látigo, después con un palo y por último con una barra metálica. El pobre animal, que hacía angustiosos intentos para mover el carro, acabó lleno de heridas y totalmente rendido. Fue entonces, ante el espectáculo de tanta crueldad, cuando un anciano que contemplaba la escena comentó: "En verdad, este hombre no cree en Dios".




Naturaleza
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a

1. Amarás a Dios sobre todas las cosas y a la Naturaleza como a ti mismo.
2. No defenderás a la Naturaleza sólo de palabra, sino sobre todo a través de tus actos.
3. Guardarás las florestas vírgenes, pues tu vida depende de ellas.
4. Honrarás la flora, la fauna y todas las formas de vida.
5. No matarás ninguna clase de vida, por pequeña e indefensa que sea.
6. No pecarás contra la pureza del aire permitiendo que la industria contamine lo que los niños respiran.
7. No robarás de la tierra su capa de humus, condenando el suelo a la esterilidad.
8. No levantarás falso testimonio justificando tus crímenes con lucro y progreso.
9. No desearás que las fuentes y los ríos se envenenen, para tu provecho, con los vertidos industriales.
10. No codiciarás objetos ni adornos cuya fabricación destruya la Naturaleza.




Cuentos
León Felipe
Procedencia: Colaborador/a

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto: que la cuna del hombre
la mecen con cuentos, los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre
los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo sé muy pocas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.

Ahora estoy de regreso, he llegado hace poco,
Soy nuevo en la ciudad... Y esto quiero decir:
Me durmieron con un cuento...
y me he despertado con un sueño.
Es un sueño sin lazos, Sin espejos, sin anillos,
sin redes, sin trampas y sin miedo.





Acumular
Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador/a .“La oración de la rana ”

Cuando el gorrión hace su nido en el bosque, no ocupa más que una rama.
Cuando el ciervo apaga su sed en el río, no bebe más que lo que le cabe en el estómago.
Nosotros acumulamos cosas porque tenemos el corazón vacío.





Amante y activista
Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador/a “Un minuto para el absurdo”.


Un activista regresó al monasterio para averiguar de qué clase de luz tenía aún necesidad.
- La luz que todavía necesitas -le dijo el Maestro- es la que te permita conocer la diferencia entre un amante y un activista. El amante toma parte en una sinfonía.
- ¿Y el activista?
- El activista sólo oye el sonido de su propio tambor, dijo el Maestro.




Arrepentimiento
Anthony de Mello.
Procedencia: Colaborador/a "Un minuto para el absurdo".

- "¿Por qué no aconsejas nunca el arrepentimiento?", preguntó el predicador.
- "¡Pero si no enseño otra cosa...!", replicó el Maestro.
- "¡Pues yo nunca te he oído hablar del dolor por los pecados!"
- "El arrepentimiento no consiste en afligirse por el pasado. El pasado ha muerto y no merece un solo momento de aflicción. Arrepentirse es cambiar de mente; es ver la realidad de un modo radicalmente distinto".

 




El campo de minas
Carlos G. Vallés
Procedencia: Colaborador/a. Vida Nueva


Un ex combatiente del Vietnam era muy querido y apreciado entre sus vecinos, después de volver de la guerra y buscarse un oficio y una familia, por su consideración con todos y su prontitud en ayudar en cualquier momento. No parecía encajar tanta delicadeza con la imagen de un soldado de vuelta de la guerra, y ¡de menuda guerra! Pero él tenía su explicación, que sus amigos íntimos sabían.
Su misión en la guerra había sido limpiar campos de minas. Todo aquel terreno de bosques y maleza, de escaramuzas y emboscadas, estaba sembrado de minas traidoras que al menor contacto con una rama, un alambre, una piedra en el camino podían explotar y llevarse la vida de un hombre. Y el mayor peligro era para quienes se adelantaban a detectar, adivinar, desactivar la muerte disfrazada en el terreno.
Había que medir cada paso, calcular cada gesto, arriesgar cada tirón. Varios de sus compañeros de equipo habían muerto así, y él sabía que lo mismo le podía ocurrir a él en cualquier momento. Y eso le hizo sentir el valor de la vida. Cada paso valía una eternidad. La vida entera tenía que ser vivida entre el levantar un pie y volver a ponerlo sobre el terreno inseguro. Cada instante estaba lleno de vida porque el siguiente podía estar lleno de muerte. Todos los sentidos alerta a flor de piel, todo el corazón vivido en cada latido, toda mirada abierta a la pincelada de colores que descubre el paisaje, todo sonido analizado en el espectro que va de la mina a la muerte. Vida intensa en el campo de minas.
Ése era su secreto. Vivir al día, vivir el minuto, vivir al instante. Vivir el presente. La vida es un campo de minas.





Carta a los misioneros
Chicho Morales
Procedencia: Colaborador/a Vida Nueva


Hace unas semanas, el Ministerio de Asuntos Exteriores pidió a los misioneros españoles que abandonaran Burundi ante el peligro que corren sus vidas. En estos momentos hay ocho sacerdotes y seis religiosas compatriotas nuestros en este país de los Grandes Lagos.
"Queridos compañeros:
Si podéis... ¡quedaos all!. Lo entiendo desde su punto de vista. Creen que su deber es poner a salvo la vida de los españoles. La vida de los africanos no es su problema. No cae en su jurisdicción. Lo suyo es 'sacar a las monjitas de la selva' y a todos los españoles del polvorín de Ruanda y Burundi.
Pero vosotros estáis en la jurisdicción del amor. En otra onda. Lo vuestro es estar al lado de los que sufren, tratando de curarles con el bálsamo de la ternura y con la sal de la comprensión y el perdón que cicatriza todas las heridas.
Trato de comprender vuestros miedos, los odios ciegos que nada respetan, las sospechas injustas, los egoísmos sin límites y toda la mentira. Esa que tergiversa vuestras palabras y vuestras más puras intenciones. La verdad es que sois un estorbo para las desmesuradas ambiciones políticas de algunos. Más aún, creo y sé que vuestra huida o muerte está calculada para algunos egoístas como un triunfo para 'su causa'... Tú lo sabes también.
El miedo es humano. La prudencia también. Si las tensiones de una situación tan dura te hacen perder tu paz interior y que tus nervios estén a flote... no lo dudes... vuelve a tu patria a descansar. Nada debe perturbar tu ilusión de amar y de luchar.
Pero si puedes, si la paz está contigo, con el corazón en la mano, sigue sembrando estrellas de amor y de amistad. Seguro, la victoria está de tu lado. Y si te derriban, sólo habrán encendido una luz más que seguirá irradiando amor misionero".




La casa en llamas
Bertolt Brecht
Procedencia: Colaborador/a


No hace mucho tiempo vi una casa que ardía. Su techo era ya pasto de las llamas. Al acercarme, advertí que aún había gente en su interior. Fui a la puerta y les grité que el techo estaba ardiendo, incitándoles a que salieran rápidamente. Pero aquella gente no parecía tener prisa. Uno preguntó, mientras el fuego chamuscaba sus cejas, qué tiempo hacía fuera; si llovía, si hacía viento y otras cosas parecidas. Sin responder, volví a salir. Esta gente, pensé, va a arder antes de que termine con sus preguntas. Verdaderamente, amigos, a quien el suelo no le queme los pies hasta el extremo de desear gustosamente cambiar de sitio, nada tengo que decirle.


 



Cazar monos
Bruno Ferrero
Procedencia: Colaborador/a "El canto del grillo", p. 57


Los cazadores de monos han inventado un método genial e infalible para capturarlos. Una vez descubierto el lugar donde suelen juntarse, entierran en el suelo unas vasijas de cuello largo y estrecho. Recubren las vasijas con tierra, dejando sólo la embocadura a ras de la hierba. Luego meten en las vasijas unos puñados de arroz y otras bayas que les gustan mucho a los monos.
Cuando se retiran los cazadores, los monos vuelven. Como son curiosos por naturaleza, examinan las vasijas y cuando se dan cuenta de las golosinas que encierran, introducen sus manos y agarran un buen puñado de arroz y de bayas, cuanto más grande mejor. Pero el cuello de las vasijas es muy estrecho. La mano vacía penetra fácilmente, pero cuando está llena no puede salir.
En ese momento salen los cazadores y los capturan fácilmente, porque, aunque se resisten mucho, no se les ocurre abrir la mano y dejar lo que aprietan en el puño.





Compartir el mejor maíz
Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador/a “La oración de la rana"

Un agricultor, cuyo maíz siempre había obtenido el primer premio en la Feria del estado, tenía la costumbre de compartir sus mejores semillas de maíz con todos los demás agricultores de los contornos.
Cuando le preguntaron por qué lo hacía, dijo: "En realidad, es por puro interés. El viento tiene la virtud de trasladar el polen de unos campos a otros. Por eso, si mis vecinos cultivaran un maíz de clase inferior, la polinización rebajaría la calidad de mi propio maíz. Ésta es la razón por la que me interesa enormemente que sólo planten el mejor maíz".
Todo lo que das a otros te lo estás dando a ti mismo.